01 de Junio de 2025
Honrando Canarias con Vespasión
Un relato de ✍️ Feli Santana.
Con fotos 📷 de Dani Febles.
¿Qué tendrá el Vespasión Canarias, para que tanta gente guapa tire “pal monte” o “pa la costa” como las cabras, paseando en estas simpáticas “medias motos”?
¿Será la experiencia de compartir una pasión increíble, hecha de compañerismo y buena sintonía?
¿Será ese nexo de unión que siente toda la familia vespera en torno a la más simpática de las motos de rueda chica?
¿O será que el buen rollo que desprenden estas “pepitas” es sinónimo de diversión, nostalgia, ambiente fiestero y un desfile particular allá por donde transitan?
Cualquiera que sea la razón, no es para menos.

Este fin de semana en el sur de Gran Canaria, no se hablaba de otra cosa:
—"¿Vieron el viaje de las Vespas que pasó por el pueblo esta mañana?"
—"Iban más de doscientas", decían algunos.
—"Una pasada", confirmaban otros.
Y uno más, en la puerta del bar, con cara de asombro y mirada nostálgica, rumiaba:
—"Coño, mi tío tiene una en el garaje desde que salió del cuartel… voy a tener que meterle mano."
De repente, le dio un subidón y se fue a la barra a pedir otro cubata, cabreado por no haber ido a recuperar la “puta Vespa”. ¡Siasss!

Este fin de semana dio para mucho. Para admirar Vespas, para reforzar amistades y para celebrar un proyecto compartido entre los que amamos estas clásicas de carretera.
Con el Faro de Maspalomas de testigo, el Puerto de Mogán como referencia y La Aldea como conclusión. Un paseo costero y de altura, con mucho azul de mar, y el secano de las costas que aún respira el veranillo eterno de quienes un día vinieron a las zafras tomateras… y allí se quedaron. Para ellos, esto fue solo otro día normal en el sur.
Así fue como don Manuel Guerra fundó hace años una institución en la mecánica de los carros de los aparceros —Toyotas y 4x4— y, de paso, levantó una familia dinámica y comprometida, de la que nació el fenómeno Vespafaiter.
Con Moisés y Ale —sus hijos— propagando el entusiasmo, contagiaron a medio sur de la isla de sintonía y buen rollo.
Les siguieron Aday, Iván, Pau… y una legión más de amigos comprometidos. Pero nada de esto tendría sentido sin sus mujeres, sus padres, y una gran familia totalmente involucrada.

Y créanme, demostraron de lo que son capaces: un ejército de coordinación, montando y desmontando avituallamientos, ofreciendo apoyo logístico con sonrisas agradecidas en todo momento. ¡Qué grandeza, Vespafaiter! Qué honor para las Vespas y para la pasión del encuentro anual.
Al señalado día —de verano canario— llegaron más de noventa Vespas. Entre saludos y reencuentros, partió el zumbido de la abejonera a rendir culto al faro de Maspalomas, que don León y Castillo plantó con orgullo en la esquina de Meloneras.
Allí estaba también don Marco Aurelio, el alcalde, con una programación festiva cargada de actividades.

La foto oficial dejó a los turistas con el móvil en alto, haciéndose selfis en la despedida.
La ruta continuó por Monte León y nos regaló la belleza escondida de Ayagaures, con sus embalses clamando al cielo por la lluvia. Luego, rumbo a Arteara y la Degollada de Las Yeguas, donde hicimos parada y recarga.
Subimos el oasis de la necrópolis de Arteara, cruzamos el pintoresco Fataga y llegamos al santuario de Tunte, donde las esquinas, la barbería de Manolito y el Molino nos regalaron abrazos y recuerdos.
En Taidía, la parada gastronómica dejó sonrisas y estómagos felices. Desde allí, sobrevolamos curvas y barrancos por Ansite, Sardina, Juan Grande, San Agustín y Maspalomas, hasta llegar a Arguineguín.
Allí, el pueblo nos recibió con admiración ante el enjambre cansado que buscaba sombra.
La noche en Balitos fue inolvidable: camaradería, reconocimientos y la certeza de que este evento debe cuidarse y continuar como estandarte de las Islas.
Y sí, aquello duró más de lo que podíamos aguantar. Con Vespafaiter, los límites los ponen ellos.

Amanece en Anfi. El zumbido vespero despierta Arguineguín.
Churros con chocolate y bollería antiresaca. Y de nuevo, los enanitos de Blancanieves en forma de organizadores lo tienen todo listo.
Mogán nos recibe espléndido. Rayco Guerra, concejal del Ayuntamiento, nos atiende con cariño. Luego subimos barranco arriba por Veneguera, Tasarte y la Degollada de La Aldea.
En esta tierra antigua, el tiempo se detuvo bajo los laureles de la plaza.
Los bares se llenaron y las terrazas se transformaron en escenarios para los viajeros de las Vespas.
Los abrazos finales y las despedidas trajeron una certeza: el Vespasión Canarias 2025 fue grande, emotivo y muy bien organizado.
Gracias, Vespafaiter, por un fin de semana que ya forma parte de nuestros recuerdos.
Y como dirían los franceses después de una explosión de los sentidos: Chapeau, compañeros.
¡Empieza el reto 2026!
Que no pare la música de las Vespas… porque algunos, incluso, se quedaron otra noche más de marcha.