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Un Día del Padre inolvidable, haciendo trial sobre nieve y granizo

20 de Marzo de 2017

Un Día del Padre inolvidable, haciendo trial sobre nieve y granizo

Me asaltó Miguel revolucionado por la tarde sabatina, para subir a la nieve con la moto de trial. Aquella experiencia la tenía pendiente en su casillero mental, después de vernos en años anteriores subir ilusionados al chapoteo helado sin poder acompañarnos.

 

A las 8,30 de la mañana, con Javier y su mentor, con los chubasqueros enfundados, empezamos a sacudir retamas de escarcha temprana. Un dominical que despertó agradable y soleado y nos metió en faena trialera, ya que las sendas estaban arrastradas de tanta agua y escorrentías.

 

Era de Mota, Las Romeras, Cañadas de Marrero, el Ferrú y pronto escalamos la cima de la Mesa los Alfaqués, buscando gloria en las alturas. El terreno emchumbado y la temperatura bajando.

 

 

Crestas de Botija, Morro la Aguililla y lomo de Amaranto, donde empezamos a divisar los andenes nevados de los Marteles hacia arriba. Cerramos el cráter por los Bucios y ya entre pinares y nieve virgen subimos a los Cascajales para disfrutar de magníficas vistas de la Mesa las Vacas, blanca, los pasillos vírgenes de pisadas entre pinares.

 

Y el cielo se oscureció y empezó a granizar de nuevo. Las trialeras se defienden bien en la nieve. Y el frío helado empezó a calar botas y chubasquero, pronto iniciamos descenso por sendas y caminos nevados, andenes maquillados de inviernos de otras tierras. Postales que nos ubicaban en algún espacio alpino de la memoria.

 

 

Recuerdo aquel pasaje de los "Cien años de soledad", del Coronel Aureliano Buendía, en Macondo, relataba la experiencia, cuando su padre lo llevó a conocer el hielo. Yo miraba a mi hijo Miguel, que tiritaba, abrazaba el cilindro y escape de la Beta para que el calor aliviará el hielo que entraba como puñales. Sin embargo su corazón latía con fuerza, estaba siendo testigo del sueño, estaba trialendo en la nieve, en las cumbres, en el bosque, estaba disfrutando cada segundo de la experiencia.

 

En Lorian, la familia de Chanito, con el gran Paco, nos rescató al refugio de los fogones. Café, ron, mermelada artesana de membrillo, queso de cumbre riquísimo y bizcocho de Batata. Nos sacudimos el frio helado que había entrado en el cuerpo. Charlamos un ratito, con el gran jefe que ha visto nacer, todos los bosques de las cumbres, y partimos al descenso embarrado.

 

 

Paramos varias veces a recuperar las manos heladas con el escape en el descenso de Las Haciendas. Lavamos las motos en casa, del barrizal granizado de chocolate, y al garaje del Rincón. 

 

A eso de las tres de la tarde seguía granizando y tronando a través de las ventanas, esta vez en el calor de casa. Miguel y yo mirámos a la cumbre, al Pinar, y sonreímos. Ha sido un gran regalo para el día del padre, poder compartir una aventura trialera en moto por las cumbres nevadas... ¡Para enmarcar! Gracias "Viejito"

 

Un relato de Feli Santana

 

 
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