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Sandra y el Motorista. El regalo de Reyes de Mauricio Sedó

06 de Enero de 2017

Sandra y el Motorista. El regalo de Reyes de Mauricio Sedó

Los Motoristas arrastramos una imagen de peligrosos y alocados que es, en el 90% de los casos, completamente falsa. Esa era la imagen de nosotros que tenía Sandra, hasta que le pasó esto…

 

A Sandra le encantaba el trabajo de azafata de vuelo, aunque con ese empleo los madrugones eran algo terrible. 

 

Hoy tenía un Dublín, un Tenerife/Dublín/Tenerife con despegue a las 07:00, o sea con “firma” a las 05:30. Estando en un período “entre novios”, en vez de salir de marcha como casi siempre, se había quedado en casa viendo la tele. 

 

Quería haberse ido a dormir a las 10, para despertarse a las 4, pero estaban poniendo “The Devil on Wheels” y se quedó pegada a la TV, como hipnotizada, hasta más de la una…. 

 

 

El puro terror del protagonista, cuando un misterioso camión le persigue por las llanuras del Oeste americano, dejó a Sandra temblando hasta que el “The End” apareció en la pantalla. 

 

A las 5 ya estaba en ruta, CD marchoso para despertarse y con el  techo cerrado en su Peugeot 208 Cabrio Coupé. Quince kilómetros de comarcal, dos de acceso a la autopista y casi nada hasta llegar a la salida del Reina Sofía. Firma, café y a preparar el 777 para el vuelo. 

 

Al poco de salir, en el retrovisor aparece un faro solitario. No es un coche con un faro mal, es una moto. Se acerca y al llegar a unos 50 metros, se queda ahí, a esa distancia, siguiéndole. 

 

Mad Max, Terminator 3, los Ángeles del Infierno….. Nada de eso! piensa Sandra- Estoy en Tenerife , no en una ciudad violenta como Nueva York o Río de Janeiro! 

 

La moto le sigue, clavada a esos 50 metros, sin acercarse. 

 

 

Me está siguiendo, seguro. Hay tantos tipos extraños, cada día más. Gente de la guerra de Oriente Medio, mafiosos rusos. Esa moto me está siguiendo y tomando los mismos cruces que yo. 

 

Sandra casi se pasa de un giro a la izquierda, pero clava los frenos y consigue entrar en la carretera sin problemas. Mira por el retrovisor... ¡La moto le ha seguido!

 

Enfila un tramo recto. A esta hora, no hay ningún policía por ningún lado. ¡Justo cuando más los necesitas! Sólo están en el Shopping para ponerte multas cuando aparcas mal. 

 

Entre las opciones del 208, entraba el motor 2.0 de 135 caballos. Sandra pisa el acelerador en la recta. "Así dejaré atrás a la moto, y llegaré a la seguridad de la autopista, de las luces, del Aeropuerto", piensa. 120, 140, 180… Sandra agarra fuerte el volante, y echa miradas nerviosas el retrovisor. La moto sigue ahí. El Peugeot vuela, firme como una roca, por la carretera. 

 

A la izquierda: Santa Cruz, 58. A la derecha: Aeropuerto Sur, 5. Giro a la derecha. 

 

Los faros iluminan un terraplén y Sandra frena bruscamente. El Peugeot hunde el morro y reduce rápidamente la velocidad pero el terraplén se acerca a una velocidad demasiado alta… 

 

Sandra recuerda que para no arrugar la corbata del uniforme, no se había puesto el cinturón. Demasiado tarde ahora! Los faros, al iluminar de cerca la tierra del borde e la carretera, le deslumbran mientras el coche se levanta por la izquierda y empieza a voltearse…

 

Destellos naranja… cuidado, no me toquen no me sacudan, duele, duele... ¡Dueeeele! 

¡Oh Dios, porqué no se calla esa maldita sirena!

 

Huele a yodo. Sandra está tumbada de espaldas. Es una cama de hospital. Dos personas se inclinan sobre ella. Una mujer, a la izquierda, está tocando algo que Sandra tiene en su brazo. Un hombre, a la derecha, con una bata blanca, le habla aunque Sandra no acaba de entender…

 

 

¿Puedes oírme? ¿Estas bien? Sandra enfoca la mirada. La placa en la bata del hombre dice “Jon Nevada - Médico” 

 

-Doctor, doctor, es horrible, voy a llegar tarde… el coche no frena, tengo miedo. ¡Ayúdeme por favor! Haga algo, ¡necesito llegar al aeropuerto ya!

 

-Tranquila, mi niña. Ya todo pasó. Estás en el Hospital, pero estás bien y no tienes ningún golpe grave, has tenido suerte. Pronto estarás recuperada y podrás irte a casa. 

 

-Doctor, ha sido terrible, he pasado mucho miedo. Yo iba al aeropuerto y...

 

-Ahora descansa, mi niña, y no hace falta que me lo cuentes, yo lo vi todo. Iba justo detrás de ti, en mi moto.

 

Dedicado a mi amigo Jon, Médico y Motorista.

 


Mauricio Sedó

 

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