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Recuperando viejas costumbres: Trialeando en el invierno grancanario

20 de Febrero de 2017

Recuperando viejas costumbres: Trialeando en el invierno grancanario

El sol se hizo luminoso en las "Afortunadas". Un día de cálido invierno sacó las flores a relucir. Paraíso generoso, edén que nos regalan. Hoy es sábado y hemos planeado, mi hijo y yo, Miguel y yo, hacer un popurrí de trial, esto significa, salir improvisando la ruta, acabar en casa la abuela y seguir improvisando los caminos de la suerte.

 

Bajar la vieja senda de Las Aromeras en el encajonado barranco de Los Mocanes, nos separa de dos fértiles vegas. Y la frondosa trébolína y vegetación luchan por cerrar los caminos. Apenas una huella de veinte centímetros, deja ver el la marca original del sendero. Palas de tuneras y zarzas, se enojan a nuestro paso. Los llanos de San Juan y Las Haciendas regalan un paisaje bucólico y nos seducen sus inmensos colores de primavera.

 

Fran, mi suegro (E.P.D), me descubrió el Barranco los Jediondos, justo cerca del poblado abandonado de Las Hoyas de la Coja. Tiene su encanto bajar la senda marcada, entre retamas indias blancas y eucaliptos salvajes. Acabamos trialeando pedruscos hasta la mina de los Llanetes. Ahí las hojas de ñameras son tan grandes como sábanas verdes y sus tallos son bastones de 5cm de grosor. Es un un bosque frondoso que hizo pacto con el riachuelo que nace debajo de la montaña de Tosca Blanca. Nos adentramos en la finca por atajos de cabras y dentro de un espacio restringido y privado. Nos inspiró la aventura. Tuvo un pasado frondoso por las casonas y haciendas abandonadas dentro de miles de metros de terreno. Los llanos de San Gregorio. Arriba asoman el Risco Camello y las capotas, mientras abajo los invernaderos cobijan y crían millones de carnosas fresas de golosina.

 

Romántico descubrir el pasado, en las viejas casonas, vergeles de un esplendor colonial y señorial, cuadras abandonadas, cuartos de aperos, y haciendas de trabajadores salpican hasta el barrio de Tecén, esta parte del cauce de San Miguel.

 

Como padre que guarda regalos para su hijo, y aún a sabiendas de su dureza, le regalé un "caminillo bobo", argot de nuestra juventud trialera. Sube unos 200 metros en ladera de solana tallado en la roca y desde hace unos 20 años que subí con "Jota Lewis" no lo había vuelto ha realizar. El cardón, de los que te sacan el sudor y la esencia. Pronto estábamos bajando felices la Hoya Marina y los lomos de Tara hasta otro vergel típo africano; El mayorazgo, oasis de palmeras y viejos acueductos que salpican una geografía escondida y cercana. 

 

Las doradas espinas de tuneras indias, y el armazón impenetrable son un castillo perfecto de reptiles que corren ante el estruendo de los dos tiempos, hacia las entrañas del picón. Subimos ladera arriba La Higuera Canaria y los últimos muros de la casa de los lagartos. Cruzando viejos pasajes de mi infancia, atrás la Hoya Niebla y la finca de la salud donde recolectamos aeitunas en los años 60. Tiramos arriba lomo del Palmital, la Orilla y Rocona, para entrar en la Pepina. Mi barrio de la Gavia. Allí, ante nuestra sorpresa en casa los tíos, la última generación de trialeros del barrio, se preparan a salir auspiciados por mis primos.

 

 

Después de charlar con la abuela Carmen, decidimos regalarle una de caminos caseros a los chicos del barrio: Lomo de la Gavia, Fuente de la Yegua, Los Picos, el Vinco, Los Roques de Valído y pronto estábamos avanzando por el clásico camino de las Pereras en dirección a la Cruz del Gamonal. Algunos chicos empezaban a trialear y sus fuerzas y técnicas los sometían al bautizo trialeros en casa Maruca. Bernardíno, fué la catedral del trial en Gran Canaria. A principios de los años noventa, era un vergel de trialeros y triales. Allí nació el trial del Gamonal y el Motoclub. Con Alberto Santana, Eduardo Cardona, Jaime Reyes, Teófilo Cabrera, etc. 

 

Una vieja foto de un peña trialera bajando La Plata en los noventa. Es la imagen de los abuelos y del pasado frondoso de este deporte en la isla. Fue un regalo para los chicos y para mis recuerdos visitar la catedral y sus sendas. Todos aquellos barrancos y montañas siguen siendo un paraíso para la práctica del trial del pueblo. Ahora me sentía el abuelete de la pandilla del barrio. Donde se vive el trial como una diversión de escape juvenil. Ojalá y vuelvan aquellos tiempos de esplendor trialero. 

 

Seguimos a la Bodeguilla y San Mateo, rodeando el camino del andén que aprieta el Morro del Bicacaral. Ya las fuerzas de los chicos hacían mella. Y subimos la Higuerilla, para devolverles a la carretera que les baja felices desde el Lomo la Vega a la Gavia. Miguel y su padre, nos desviamos por el paso del Helechal. Arriba la Corona del Montañón de testigo, abajo la caldera de Valsequillo, floreada de almendros y verde invernal.

 

Colgamos las botas, sacudimos el equipo, guardamos las motos y nos dimos un abrazo: "Fue un día genial Papi. Me duele todo, pero he aprendido lo hermoso que es hacer trial en invierno"

 

Un relato de Feli Santana

 
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