12 de Marzo de 2026
La WR vuelve: Yamaha reabre la puerta del trail sin carnet
Flick Moto, concesionario oficial de Yamaha en la provincia de Las Palmas desde hace más de 25 años, nos invitó a descubrir de primera mano el regreso de una sigla mítica dentro del octavo de litro: WR. La nueva WR125R 2026 vuelve al mercado adaptada a la normativa EU5+, pero manteniendo intacto su planteamiento original: una auténtica dual-sport accesible para quienes buscan iniciarse en el trail… o simplemente disfrutar de una moto ligera, sencilla y versátil.
Durante una jornada completa la pusimos a prueba por las carreteras reviradas del interior de Gran Canaria y por varias pistas áridas de terreno volcánico. Y cuanto más kilómetros acumulábamos, más claro teníamos que esta 125 es mucho más que una moto “de acceso”.
Una WR en toda regla: diseño, concepto y construcción
La WR125R no disimula su ADN off-road. La estética es afilada, con líneas horizontales muy marcadas y una carrocería estrecha que enfatiza su carácter campero. La máscara delantera integra un faro LED de doble óptica que aporta identidad propia, mientras que el asiento plano tipo motocross se prolonga sobre el depósito, facilitando los movimientos longitudinales del piloto.
Las proporciones son de moto grande. Las llantas de radios de 21 pulgadas delante y 18 detrás definen claramente su vocación trail, y la altura de asiento —875 mm— confirma que no estamos ante una 125 urbana convencional. Es una moto alta, estilizada y con presencia.
El conjunto transmite calidad. Ajustes correctos, plásticos bien ensamblados y una sensación general coherente con lo que se espera de una Yamaha. No hay lujos innecesarios, pero tampoco sensación de producto básico.

Un motor moderno al límite de la categoría
El monocilíndrico de 124 cc es uno de los apartados más interesantes del modelo. Refrigerado por líquido, culata de cuatro válvulas, inyección electrónica y sistema de distribución variable VVA. Sobre el papel, es uno de los motores más avanzados del segmento A1.
Declara 11 kW (15 CV) a 10.000 rpm y 11 Nm de par a 6.500 rpm, es decir, justo el máximo permitido por la normativa para el carné A1 o para quienes acceden con tres años de antigüedad del carné de coche.

La tecnología VVA permite trabajar con dos perfiles de leva en admisión, optimizando el llenado a bajo y medio régimen sin penalizar la zona alta. En la práctica, se traduce en una entrega progresiva, muy utilizable, que evita brusquedades y facilita la conducción tanto en ciudad como fuera del asfalto.
Cumple con la normativa EU5+ gracias a un sistema de doble catalizador, sensor de oxígeno y sistema evaporativo. Todo ello sin disparar el consumo, que ronda los 2,5 l/100 km homologados.

Coherencia y equilibrio en la parte ciclo
El chasis de semidoble cuna trabaja en armonía con unas suspensiones de recorrido generoso. La horquilla KYB de 41 mm y el sistema trasero Monocross con bieletas ofrecen cifras más propias de una trail de media cilindrada que de una simple 125 urbana.
Los recorridos permiten afrontar baches, badenes y pistas sin que el conjunto se descomponga. La rueda delantera de 21 pulgadas aporta aplomo y capacidad de absorción, mientras que la trasera de 18 refuerza su comportamiento en tierra.

El equipo de frenos, con discos lobulados en ambos ejes y ABS solo en la rueda delantera, apuesta por una configuración lógica en una moto con vocación mixta: seguridad en asfalto y posibilidad de jugar con el tren trasero en tierra.
La instrumentación LCD, con conectividad Bluetooth, indicador de marcha engranada y nivel de combustible, añade un punto moderno que no siempre encontramos en el segmento.

En marcha por carretera: diversión desde la ligereza
Si algo demuestra la WR125R en las carreteras del interior de Gran Canaria es que la diversión no depende exclusivamente de la potencia. Aquí la clave es el conjunto.
En tramos revirados la moto se siente ágil, intuitiva y ligera en cambios de dirección. La rueda delantera de 21” podría hacer pensar en un comportamiento torpe sobre asfalto, pero ocurre justo lo contrario: aporta estabilidad en apoyo y una sensación de seguridad notable incluso cuando el asfalto no está en perfecto estado.
El motor exige llevarlo alegre para extraer lo mejor de él. Por debajo de 7.000 rpm es suave y progresivo; a partir de las 8.000 rpm aparece un extra de viveza que invita a estirar cada marcha. No es una aceleración explosiva, pero sí constante y aprovechable.

En autovía alcanza velocidades cercanas a los 105–110 km/h reales en condiciones favorables. Puede tocar puntualmente algo más cuesta abajo, pero no es su hábitat natural. Donde realmente brilla es en carreteras secundarias, enlazando curvas con fluidez, manteniendo el motor en la zona buena y disfrutando de una conducción dinámica pero accesible.
Sorprende el aplomo a velocidades sostenidas. A pesar de su altura, el viento lateral no descompone la trayectoria y el conjunto transmite una sensación de estabilidad superior a la que cabría esperar en una 125 de enfoque campero.
En ciudad es directamente una aliada. La suspensión “flota” sobre badenes, la posición erguida mejora la visibilidad en tráfico y el embrague ligero facilita la conducción en entornos de arranca-y-para.

En pistas y caminos: donde cobra sentido la sigla WR
Es fuera del asfalto donde la WR125R se siente en casa. Las pistas volcánicas del centro de la isla fueron el escenario perfecto para comprobar su verdadera personalidad.
De pie sobre las estriberas, el conjunto resulta natural. El asiento estrecho en la zona delantera permite sujetar la moto con las piernas y desplazar el peso con facilidad. El manillar ofrece una postura cómoda y no obliga a forzar la espalda.
La suspensión trabaja con solvencia en terreno roto. Absorbe irregularidades, mantiene el contacto con el suelo y permite rodar con confianza sobre piedra suelta y roderas. No es una enduro radical ni pretende serlo, pero sí es una trail auténtica capaz de ir más allá de simples caminos de tierra compacta.

El ABS delantero interviene de forma poco intrusiva en asfalto, y el hecho de no contar con ABS trasero facilita modular derrapadas controladas en tierra, algo que agradecerán quienes se inician en el off-road.
Eso sí, el peso —en torno a 138 kg con lleno— y la altura pueden penalizar en maniobras a baja velocidad o en apoyos complicados para pilotos de menor estatura. No es una moto intimidante, pero sí requiere cierto respeto en parado.
En arena profunda se nota la limitación de potencia y el carácter mixto de los neumáticos de serie, pero en pistas firmes y caminos pedregosos ofrece un equilibrio muy convincente.
Lo mejor es la sensación de control. No transmite nerviosismo, no resulta brusca y permite equivocarse sin que la moto castigue en exceso. Para quien da sus primeros pasos en el off-road, esto es oro.

Más que una 125... una escuela de moto
La Yamaha WR125R 2026 no pretende impresionar por cifras. No busca récords de velocidad ni prestaciones desbordantes. Su fortaleza está en el equilibrio.
Es una moto honesta, técnicamente bien resuelta y sorprendentemente completa para su cilindrada. Permite ir a trabajar entre semana, perderse por pistas el fin de semana y aprender las bases del trail sin complicaciones.
Sus limitaciones son evidentes: la velocidad en vías rápidas y la potencia contenida. Pero dentro del marco del carné A1, está entre las propuestas más coherentes del mercado.
Tras un día completo combinando asfalto volcánico y caminos polvorientos, la sensación es clara: la WR125R no es una simple moto de iniciación. Es una herramienta perfecta para descubrir que la aventura no empieza con más cilindrada, sino con ganas de rodar.