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Prueba Honda CB1000F, alma de Fireblade con traje ochentero

14 de Septiembre de 2026

Prueba Honda CB1000F, alma de Fireblade con traje ochentero
Honda CB1000F 2026
Highlights: Cilindrada 999 cc | Peso 214 kg | Potencia 124 CV | Asiento 795 mm | Carnet A | Precio 12.995 €

Había ganas. Muchas ganas. La Honda CB1000F era una de esas novedades que llevábamos tiempo esperando y cuya llegada a Canarias se ha hecho más larga de lo deseado. Quizá precisamente por eso, y porque Honda supo tocar la fibra sensible desde que mostró sus primeras imágenes, se ha convertido en una de las motos más deseadas por los incondicionales del ala dorada.

 

Así que cuando Honda Canarias nos entregó las llaves de la nueva Honda CB1000F 2026 teníamos muy claro que no queríamos conformarnos con una breve toma de contacto. Había que probarla de verdad, convivir con ella y descubrir si detrás de aquella espectacular imagen de inspiración ochentera había una moto capaz de estar a la altura de las enormes expectativas.

 

 

Durante un intenso fin de semana recorrimos más de 300 kilómetros por Gran Canaria, utilizándola en prácticamente todos los escenarios que puede encontrarse su futuro propietario: tráfico urbano, autovías, carreteras rápidas, asfaltos irregulares y, por supuesto, algunos de esos interminables tramos de curvas que convierten nuestra isla en un territorio privilegiado para disfrutar de una motocicleta.

 

Después de tres centenares de kilómetros, muchas curvas y bastantes horas a sus mandos, tenemos una primera conclusión bastante clara: la espera ha merecido la pena. Porque esta CB1000F no es simplemente una moto bonita que juega con la nostalgia. Detrás de su imagen clásica hay una magnífica naked moderna, rápida, equilibrada y, sobre todo, tremendamente agradable de conducir.

 

 

Una mirada a los 80 sin vivir del pasado

 

Hay motos que necesitan unos cuantos kilómetros para conquistarte. La CB1000F empieza bastante antes. Honda ha sabido recuperar la esencia de aquellas CB750F y CB900F que marcaron una época, pero evitando caer en la tentación de fabricar una simple réplica nostálgica. La nueva F recuerda claramente al pasado, aunque lo hace desde una perspectiva completamente contemporánea.

 

El faro redondo LED, el musculoso depósito, los gráficos de inspiración vintage, los paneles laterales y ese característico colín elevado nos trasladan inmediatamente a las superbikes de principios de los ochenta y, especialmente, a aquellas Honda que hicieron historia en Estados Unidos de la mano del legendario Freddie Spencer.

 

 

Pero basta acercarse un poco para descubrir que aquí no hay nada antiguo. Los acabados están a gran altura, los ajustes transmiten calidad y elementos como los colectores cromados, el escape de inspiración clásica o el protagonismo visual del enorme cuatro cilindros consiguen algo cada vez menos habitual: que apetezca quedarse unos minutos contemplando la moto antes incluso de arrancarla.

 

Honda propone tres decoraciones: Wolf Silver Metallic con franja azul, Wolf Silver Metallic con franja gris y Graphite Black. Las dos primeras explotan claramente la vena nostálgica de la CB1000F, mientras que la negra ofrece una imagen más discreta y agresiva. En cualquiera de ellas, esta Honda tiene presencia. Y mucha.

 

 

Te subes y todo parece estar donde debe

 

La segunda sorpresa llega al sentarnos. Con apenas 795 mm de altura de asiento, la CB1000F resulta especialmente accesible para tratarse de una naked de litro. La zona delantera del asiento es suficientemente estrecha para facilitar el apoyo de los pies y la posición de conducción resulta natural prácticamente desde el primer momento.

 

El manillar ancho y relativamente alto descarga las muñecas, mientras las estriberas permiten adoptar una postura activa sin obligarnos a plegarnos sobre la moto. No es una deportiva disfrazada de naked, sino una auténtica roadster pensada para disfrutar durante muchas horas, algo que nuestros más de 300 kilómetros terminaron confirmando.

 

 

El asiento ofrece un mullido adecuado y permite cambiar de posición cuando llevamos varias horas rodando. Incluso el acompañante dispone de un espacio razonable y de una plaza realmente utilizable, algo que algunos fabricantes parecen haber olvidado en las naked modernas, donde en ocasiones el pasajero parece formar parte del equipamiento opcional.

 

Sus 214 kilos en orden de marcha podrían hacer pensar en una moto algo pesada, pero esa sensación desaparece prácticamente en cuanto comenzamos a movernos. El centro de gravedad y el reparto de masas están muy logrados y, callejeando, la CB1000F resulta sorprendentemente manejable. Honda lleva décadas consiguiendo que motos grandes parezcan bastante más pequeñas de lo que realmente son, y aquí vuelve a hacerlo.

 

 

El cuatro cilindros es el verdadero protagonista

 

Podríamos dedicar muchas líneas a su estética, a la electrónica o a su parte ciclo, pero el corazón de esta moto merece un capítulo aparte. Porque aquí está buena parte de la magia de la CB1000F: un enorme tetracilíndrico que no necesita recurrir a cifras estratosféricas para convencer.

 

Honda ha partido del motor de 999 cc derivado de la CBR1000RR Fireblade de 2017, pero en lugar de perseguir una cifra espectacular de potencia máxima ha trabajado para conseguir algo bastante más aprovechable en carretera: mejores bajos y medios, respuesta inmediata y mucho carácter.

 

Entrega 91 kW, aproximadamente 124 CV, a 9.000 rpm y 103 Nm de par a 8.000 rpm. Sobre el papel puede parecer incluso una cifra discreta frente a algunas naked actuales, inmersas en una carrera por superar los 150, 170 e incluso 200 CV. Pero basta recorrer unos kilómetros para descubrir que aquí los números cuentan solamente una parte de la historia.

 

 

Desde unas 3.000 rpm empuja con limpieza y contundencia, permitiendo rodar tranquilamente en marchas largas sin estar pendiente constantemente del cambio. Abrimos gas y responde. Siempre. Y cuando la aguja supera aproximadamente las 6.000 vueltas, aparece una segunda personalidad mucho más excitante.

 

El sonido gana intensidad, el empuje se vuelve más serio y aquel civilizado cuatro cilindros comienza a recordar de dónde procede. Lo mejor es que no hace falta acercarse constantemente al corte para disfrutarlo: hay motor prácticamente en cualquier régimen, una característica mucho más útil en carretera que una espectacular cifra de potencia máxima.

 

 

Suena como esperamos que suene una Honda de cuatro cilindros

 

Y luego está el sonido. El escape tipo megáfono de tres cámaras acompaña perfectamente la personalidad de la moto, con un tono grave y contenido cuando circulamos tranquilos que se transforma en algo mucho más serio cuando decidimos abrir el acelerador y dejamos subir de vueltas al tetracilíndrico.

 

No necesita demasiados artificios para emocionarnos. Suena a cuatro cilindros Honda y eso continúa teniendo algo especial. Es uno de esos motores que invitan a bajar una marcha simplemente para volver a escuchar cómo cambia su voz mientras la aguja del cuentavueltas escala hacia la zona alta.

 

 

El cambio de seis velocidades tiene ese tacto preciso y limpio que esperamos encontrar en una Honda. Los recorridos son cortos, las marchas entran con decisión y el embrague asistido y antirrebote facilita mucho las reducciones cuando aumentamos el ritmo.

 

Puede equipar además quickshifter opcional, un accesorio que cobra especial sentido en una moto como esta y que permite olvidarnos prácticamente de la maneta de embrague cuando enlazamos curvas. En sexta y a velocidades legales de autovía, el motor trabaja relajado, sin transmitir sensación de esfuerzo y demostrando que esta CB1000F tiene muchas más posibilidades que simplemente salir a buscar curvas los domingos.

 

 

Gran Canaria descubre su otra personalidad

 

Abandonamos la ciudad y ponemos rumbo hacia el interior de Gran Canaria. Aquí empieza la parte divertida. Cuando aparecen las curvas, la CB1000F comienza a explicar por qué Honda ha situado el equilibrio como uno de los conceptos fundamentales alrededor de los que ha desarrollado esta moto.

 

La horquilla invertida Showa SFF-BP de 41 mm, combinada con el amortiguador trasero Showa con sistema Pro-Link, consigue un compromiso muy acertado entre comodidad y control. No es una suspensión incómodamente rígida para presumir de deportividad, pero tampoco se descompone cuando decidimos aumentar seriamente el ritmo.

 

 

En curvas lentas cambia de dirección con sorprendente facilidad. El manillar ancho ayuda a colocarla exactamente donde queremos y la entrada en curva resulta intuitiva. Enlazamos una, otra y otra, y cuanto más la conduces, más confianza transmite. No tienes que luchar con ella ni anticiparte a sus reacciones; simplemente miras hacia donde quieres ir y la Honda obedece.

 

En las curvas rápidas aparece la otra gran virtud de su parte ciclo: el aplomo. La CB1000F pisa con decisión y mantiene la trayectoria sin movimientos extraños, incluso cuando el asfalto no está perfecto. Es una moto noble y predecible, dos cualidades que quizá no resulten espectaculares sobre el papel, pero que se agradecen enormemente cuando llevamos horas encima de ella.

 

 

Frenar fuerte tampoco la intimida

 

El equipo delantero firmado por Nissin ofrece potencia de sobra y, algo todavía más importante para carretera, mucha capacidad de dosificación. Puedes frenar suavemente con un dedo en conducción tranquila o apretar con decisión cuando las circunstancias lo requieren, manteniendo siempre un excelente tacto en la maneta.

 

Durante nuestra prueba tuvimos incluso la oportunidad de comprobarlo en una situación real: una frenada fuerte con la moto ya inclinada en una curva cerrada. La CB1000F mantuvo completamente la compostura, sin reacciones bruscas ni movimientos inesperados, mientras el ABS en curva gestionado por la IMU de seis ejes hacía su trabajo de forma prácticamente transparente.

 

Son precisamente esas situaciones, las que no aparecen en una ficha técnica ni pueden reproducirse mirando una moto sobre un caballete, las que permiten valorar hasta qué punto una parte ciclo está bien puesta a punto. Y después de más de 300 kilómetros por carreteras muy diferentes podemos afirmar que esta lo está.

 

 

Electrónica que ayuda sin robar protagonismo

 

La electrónica está muy presente, pero Honda ha conseguido que no se convierta en el centro de la experiencia. La IMU de seis ejes trabaja junto al acelerador electrónico Throttle By Wire, el ABS en curva y el Honda Selectable Torque Control (HSTC) para mantener bajo control las prestaciones del cuatro cilindros.

 

Los diferentes modos permiten modificar claramente el carácter de la moto. En Standard, la respuesta es progresiva y agradable, probablemente la configuración más lógica para el día a día. Rain suaviza considerablemente la entrega cuando las condiciones de adherencia empeoran. Y después está Sport.

 

 

Ahí la CB1000F se quita parte de su elegante traje ochentero. La respuesta al acelerador se vuelve más directa y ese cuatro cilindros demuestra que bajo su estética retro continúa existiendo ADN de Fireblade. La moto sigue siendo noble, pero todo sucede más rápido y la conexión entre nuestra mano derecha y la rueda trasera resulta mucho más inmediata.

 

Conviene no olvidarlo porque la facilidad con la que se conduce puede resultar engañosa. La CB1000F transmite tanta confianza que podemos terminar circulando bastante más rápido de lo que creemos. No es una moto brusca ni intimidante, pero 124 CV y 103 Nm siguen siendo cifras muy serias. No es una moto para principiantes, no porque sea complicada, sino precisamente porque hace que ir rápido resulte demasiado fácil.

 

 

También sabe comportarse cuando toca viajar

 

Uno de los aspectos que más nos ha gustado durante este intenso fin de semana es su capacidad para cambiar de registro. Después de una buena sesión de curvas podemos incorporarnos a la autovía, seleccionar una marcha larga y encontrarnos con una moto completamente distinta, relajada y sorprendentemente agradable.

 

El motor se suaviza, las vibraciones son prácticamente inexistentes y la posición de conducción permite acumular kilómetros sin demasiado cansancio. Naturalmente, sigue siendo una naked y la protección aerodinámica es la que es. Cuando aumentamos la velocidad, el aire termina recordándonos que delante no tenemos una gran pantalla.

 

 

Dentro de velocidades razonables, sin embargo, la CB1000F puede utilizarse perfectamente para viajar. El consumo homologado ronda los 5,6 litros cada 100 kilómetros y, con su depósito de 16 litros, permite plantearse autonomías cercanas a los 280 kilómetros si somos razonables con el acelerador.

 

Aunque después de descubrir cómo empuja y cómo suena por encima de las 6.000 rpm, ser razonable no siempre resulta sencillo.

 

 

Tecnología del siglo XXI bajo un traje ochentero

 

La instrumentación corre a cargo de una pantalla TFT de cinco pulgadas con unión óptica, perfectamente visible incluso bajo el intenso sol de Canarias. Podemos elegir entre diferentes diseños de visualización y la navegación por los menús resulta bastante intuitiva gracias a los mandos situados en la piña izquierda.

 

La conectividad Honda RoadSync permite enlazar nuestro smartphone para disponer de funciones de navegación, llamadas y música mediante un intercomunicador Bluetooth. Son soluciones actuales que facilitan utilizar la CB1000F todos los días y que se integran sin alterar la apariencia clásica del conjunto.

 

 

También incorpora Honda Smart Key, evitando tener que sacar constantemente la llave del bolsillo, y el sistema Emergency Stop Signal (ESS), que alerta a quienes circulan detrás cuando realizamos una frenada de emergencia. Además, Honda utiliza polipropileno reciclado preconsumo en algunas piezas, como determinados paneles situados bajo el asiento y elementos del guardabarros trasero.

 

Son tecnologías absolutamente contemporáneas escondidas bajo una imagen que parece mirar cuatro décadas hacia atrás. Y ahí está precisamente buena parte de la gracia de esta moto: disfrutar de una estética que despierta nostalgia sin tener que renunciar a prácticamente ninguna de las comodidades y ayudas electrónicas de 2026.

 

 

Más de 300 kilómetros después...

 

Después de un fin de semana intenso llega el momento de regresar a Honda Canarias y devolver las llaves. Y cuesta hacerlo. Probablemente ese sea uno de los mejores cumplidos que podemos dedicarle a cualquier motocicleta después de haber convivido con ella durante cientos de kilómetros.

 

La Honda CB1000F 2026 no pretende ser la naked más radical del mercado, ni la más potente, ni la que consiga la cifra más espectacular en una ficha técnica. Mientras otros fabricantes parecen inmersos en una carrera por ofrecer 150, 170 o incluso más de 200 CV, Honda ha elegido deliberadamente otro camino.

 

 

Ha construido una moto equilibrada, tremendamente agradable de conducir y suficientemente rápida como para que muy pocos usuarios puedan echar de menos más potencia en carretera. Porque quizá la pregunta correcta no sea por qué esta Honda “solo” tiene 124 CV, sino para qué necesitamos muchos más en una moto concebida fundamentalmente para disfrutar en carretera abierta.

 

Tiene una estética capaz de despertar recuerdos entre quienes vivieron aquella época y que, curiosamente, también resulta atractiva para quienes ni siquiera habían nacido cuando las primeras CB-F llenaban carreteras y circuitos. Tiene un magnífico cuatro cilindros, una parte ciclo que transmite confianza y tecnología suficiente sin convertir la conducción en un videojuego.

 

Pero, por encima de todo, tiene personalidad. Y eso empieza a ser un valor extraordinariamente importante en un mercado donde cada vez resulta más complicado diferenciar unas motos de otras. Basta verla acercarse, escuchar su tetracilíndrico o recorrer unas cuantas curvas a sus mandos para saber que estamos ante una Honda muy especial.

 

 

La espera ha merecido la pena

 

Quizá el retraso en su llegada haya aumentado todavía más las expectativas. Entre los seguidores de Honda en Canarias había ganas de verla, escucharla y, sobre todo, descubrir si detrás de aquella espectacular imagen existía realmente una moto a la altura de todo lo que se había generado alrededor de ella.

 

Después de más de 300 kilómetros por las calles, autovías y carreteras de Gran Canaria, nuestra respuesta es clara: sí, la espera ha merecido la pena. Honda ha recuperado parte de la esencia de sus grandes CB, pero ha tenido la inteligencia de no quedarse atrapada en la nostalgia.

 

La Honda CB1000F 2026 mira directamente a los años 80 cuando la contemplamos aparcada. Pero cuando arrancamos su cuatro cilindros, engranamos primera y ponemos rumbo hacia la siguiente carretera de curvas, descubrimos una magnífica moto del siglo XXI.

 

Quizá ahí esté su mayor virtud: no necesitas haber vivido los años 80 para enamorarte de ella.

 

 

Lo mejor de la Honda CB1000F 2026

✅ Estética retro muy bien resuelta y con auténtica personalidad Honda.

✅ Motor tetracilíndrico lleno de medios, suave cuando queremos y contundente cuando se lo pedimos.

✅ Comportamiento noble, intuitivo y sorprendentemente ágil para sus 214 kg.

✅ Excelente equilibrio entre deportividad, facilidad de conducción y comodidad.

✅ Frenos Nissin potentes, dosificables y acompañados de una electrónica muy eficaz.

✅ Equipamiento tecnológico completo sin resultar intrusivo.

✅ Capacidad para desenvolverse en ciudad, disfrutar muchísimo en curvas y afrontar viajes con solvencia.

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