19 de Abril de 2026
Seguridad vial y convivencia
Quejas de vecinos: cuando unos pocos perjudican la imagen de todos
Las quejas vecinales llegadas desde El Roque, en San Miguel de Abona, vuelven a poner sobre la mesa un debate necesario: la convivencia entre residentes, tráfico y usuarios de la vía pública, especialmente en carreteras muy frecuentadas por motos, coches, quads y vehículos de excursiones.
Según denuncian los vecinos, el ruido constante, los excesos de velocidad, las maniobras peligrosas y la sensación de inseguridad se han convertido en una preocupación diaria. Una situación que merece atención institucional, controles y soluciones reales. Pero también una lectura serena y equilibrada.
No son “las motos”, son algunos comportamientos
Cuando surgen este tipo de conflictos, con demasiada frecuencia se generaliza y se señala directamente a “las motos”. Y conviene ser claros: el problema no es la moto, sino el comportamiento irresponsable de una minoría.
La inmensa mayoría de motoristas circula con respeto, dentro de la legalidad y disfrutando de la carretera sin molestar a nadie. Son trabajadores que se desplazan a diario, aficionados que salen el fin de semana con responsabilidad o usuarios que eligen un vehículo eficiente para moverse por la Isla.
Reducir todo el colectivo a unos pocos que aceleran de más, llevan escapes ruidosos o convierten una carretera abierta en un circuito es injusto y perjudicial.
También hay coches, quads y otros vehículos
El propio relato vecinal menciona no solo motocicletas, sino también coches de alta gama, carreras ilegales, quads, buggys, speeders y 4x4 de excursiones turísticas. Es decir, no se trata de un problema exclusivo de las motos, sino de uso intensivo e irresponsable de una vía por parte de distintos tipos de vehículos.
Centrar toda la crítica en la moto simplifica una realidad mucho más amplia: falta de control, saturación de tráfico, actividades mal reguladas y ausencia de vigilancia suficiente.
Nuestra responsabilidad como motoristas
Dicho esto, también toca mirar hacia dentro. Como colectivo, debemos ser los primeros en rechazar conductas que dañan la imagen de todos:
Falta de respeto al descanso vecinal
Cada vez que unos pocos actúan así, alimentan prejuicios contra miles de usuarios responsables.
Ser motorista también implica entender dónde estamos circulando: no es lo mismo una vía aislada que atravesar un núcleo residencial con familias, mayores, colegios o transporte público.

Defender la moto pasa por usarla bien
La moto aporta muchísimo a Canarias: mejora la movilidad, reduce atascos, ocupa menos espacio y puede ser parte de una movilidad más eficiente. Pero para defender ese papel, debemos ser ejemplares en carretera.
La mejor respuesta a quienes generalizan no es discutir. Es circular con respeto.
Controles sí, demonización no
Las administraciones deben actuar cuando existan excesos: radares, vigilancia, inspecciones y regulación clara de actividades empresariales si procede. Pero también deben hacerlo con equilibrio, sin convertir a todo un colectivo en culpable por las acciones de unos pocos.
Porque la realidad es simple: no todas las motos molestan, no todos los coches incumplen y no todos los usuarios actúan igual.
Y si queremos carreteras seguras y convivencia real, hay que señalar conductas, no vehículos.