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Melodía de Diazepanes: Grave crisis diplomática Japón-Italia

28 de Marzo de 2022

Melodía de Diazepanes: Grave crisis diplomática Japón-Italia

Altos dirigentes del poderoso Zaibatsu [財閥] de la prefectura de Shizuoka, acusan a los representantes de la factoría italiana de Mandello del Lario (una comuneitaliana de la provincia de Lecco, región de Lombardía) de un intento de espionaje industrial y robo de propiedad intelectual.

 

La polémica sale a la luz tras haberse hecho públicas unas misteriosas fotografías del que podría ser responsable (presuntamente) de la marca japonesa Yamaha en unas pequeñas islas de la costa atlántica africana, en lo que parece algo más que un encuentro casual con una de las históricas Moto Guzzi por las carreteras de esas islas. 

 

Se desconoce por el momento si pudieran estar implicados también diplomáticos del reino alauita, sobre quienes sí que pesan graves acusaciones de intentos de desestabilizar la zona recientemente. 

 

Sin embargo, otras fuentes apuntan a un no menos escandaloso caso de corrupción y tráfico de influencias entre el representante de la marca italiana en esas islas, y un conocido periodista del motor en la zona. Tenebroso personaje este último con misterioso pasado en el sector del armamento militar, sobre el que se dice ha estado confabulando para patrocinar aparentes encuentros informales entre algunos de los implicados en tan bochornosos sucesos. 

 

Una trama que promete traer cola, porque colaboradores del archiconocido actor americano Ben Affleck, quien casualmente también ha sido visto por esa isla en lo que parecía el inocente rodaje de una película protagonizada por su esposa (de origen hispano) ya se han interesado por los derechos de autor sobre la investigación de esta historia para la elaboración de un guion cinematográfico. 

 

Conocidos teóricos de la conspiración de todos los colores del espectro político internacional andan ya calentando las RRSS en todo el mundo, hasta el punto de que el tráfico de información está afectando a la minería de datos y el mercado de criptomonedas en toda la Internet Oscura. 

 

Bueno, en la realidad la cosa no es para tanto, lo que pasa es que ya yo no sé que escribir para que alguien me lea por aquí. Y bueno, viendo los tiempos que corren, parece que si no pones un titular llamativo, un texto lleno de insinuaciones escandalosas… más alguna foto morbosa, pues eso, que nadie te hará caso.

 

Y el verdadero “caso” es que el otro día tuve la ocasión de conocer y compartir una jornada de trabajo con Jose Ferrera, responsable de Tifón Motor en Gran Canaria. Y, hablando de todo un poco, le confesé lo bonita que me parecía la Moto Guzzi V7 Stone con sus colores del centenario de la marca que vi el pasado mes de Noviembre en el EICMA. Ante lo cual, él, muy gentilmente se ofreció a prestarme la próxima unidad DEMO que tuviera disponible. Y oiga, el señor Ferrera no es solo un tipo que sale mejor que yo en las fotos haciendo Offroad (todavía estoy picado, sí, lo reconozco) sino que además es un profesional de palabra.

 

Así que el otro día pude dar una vuelta por mis carreteras favoritas con un modelo que, la verdad, me gusta desde que la vi en vivo por primera vez en el año 2008 (también en el EICMA) y, de paso, tener una primera impresión de lo que se siente sobre la moto de una marca que me llama la atención desde…. uf, por lo menos finales de los ochenta del siglo pasado. 

 

 

La culpa, como en tantas otras cosas en mi vida motera, la tienen las revistas de motos (¡qué identificado me siento con Don Quijote, del que dicen que perdió el buen juicio por leer tantos libros de caballería!). Con reincidente complicidad de mi venerado Alan Cathcart. Ese periodista inglés que lo ha vivido casi todo en este mundo de la moto, sí hombre, aquel con sus sempiternos monos Kushitani y sus cascos Arai negros con la bandera inglesa. Pues el bueno de Alan probaba y contaba sus experiencias con los prototipos de Moto Guzzi de culatas de 8 válvulas con las que el no menos famoso Dr. John Wittner (el dentista más rápido de Philadelphia) participaba (y ganaba) en diferentes competiciones americanas como las famosas Battle Of The Twins. (Búscalo en San Google y te entretendrás un buen rato). 

 

A mi la verdad es que la gama de Moto Guzzi no me atraía nada, pero aquellas motos de carreras y sus historias me parecían fascinantes. También me llamaba la atención que hubiera una comunidad internacional de devotos aficionados a esta marca. Tan “religiosa” como lo puedan ser los fans de otras marcas que a la gente de mi generación y posteriores les podrían sonar más. El caso es que fui descubriendo historias, personajes, modelos, gestas deportivas…etc tan interesantes como las que puedan rodear a cualquier otra marca. Pero seguía sin llamarme la atención la gama de motos de calle de Moto Guzzi.

 

Hasta que en el Salón de Milán del 2008 vi la presentación de la recreación de la famosa V7de 1971 (mi año de nacimiento). Vaya belleza… Otro momento para la polé-mica, ¡venga foto!

 

 

Estuve tanto rato mirando la moto que todavía recuerdo que esa era la azafata que estaba en ese momento. Que tampoco la chica era como para olvidarla, dicho sea de paso.

 

Pues sí, desde ese momento fui siguiendo la evolución de todas las versiones de ese modelo, y de los modelos derivados de ella. Pero nunca la había probado, a lo sumo me había sentado en alguna de exposición.

 

Luego leí algunas entrevistas de Ewan McGregor, actor escocés  reconocido fan de la marca. Empecé a seguir las andanzas de Vittoriano Guareschi (el otrora probador/piloto/manager de cierta marca italiana de Bologna de cuyo nombre no quiero acordarme) preparando sus Guzzi. Después llegó el centenario de Moto Guzzi el año pasado y, en ese mismo 2021, finalmente, cae en mis manos el delicioso libro de Melissa Holbrook Pierson titulado “El vehículo perfecto. Va de motos” publicado por “La Mala Suerte Ediciones” (qué bendición que estos locos hayan empezado a publicar libros del motor en español)

 

No soy crítico literario, quizás a modo de orientación te diría que su relato me recuerda a los de Paul Auster, pero sí que sé lo que me gusta. Y este libro me encantó. Y su protagonista, la propia Melissa, va a lomos de una Guzzi. Así que, la semilla estaba plantada.

 

 

Y, ¿por qué probarla ahora?… ¿Qué estás pensando?… ¿Teorías conspiranoides? ¿Movimientos empresariales?

 

Pues NO, algo mucho más sencillo, me gustan las motos (bueno, me gusta casi todo lo que lleva combustibles fósiles, hace ruido, y contamina) a la par que aterrador, miedo a perder lo que tenemos (la cosa se está poniendo de tal forma que entre la im-precisión ecologista, el bicho, el ruso loco, los especuladores financieros…y toda la fauna que hay por ahí suelta esperando su turno).

 

Resulta que de un tiempo a esta parte no dejo de tener pesadillas pensando en que llegará el día en que ya no pueda conducir nada que vibre, huela a cosas quemadas, y me haga entrar en estado de flow (lo que referido a conducir motos ya ha sido abiertamente criticado como pernicioso para la salud pública). Y a veces parece que ese día está más cerca.

 

Tampoco quiero parecer apocalíptico, pero bueno, no cabe duda de que el mundo del motor, tal y como lo conocemos, está cambiando. Y no está muy claro en lo que se transformará. Así que, en lo personal, me he propuesto probar todas las cosas de motor que me faltan en mi lista de deseos… y, si puedo, hacerme con todas aquellas que me pueda permitir, al menos por el tiempo que sea capaz de mantenerlas.

 

En lo profesional me gustaría que igual que nuestras adoradas motos de gasolina serán objeto de estudio histórico en el futuro. También esa odiosa frase de “no me vendas la moto, o no me seas vende motos”, quedara como un modismo en desuso para los que estudien nuestra lengua dentro de unos años.

 

La última vez que la industria de la moto en España tuvo una situación de fortaleza ante el mercado y el consumidor fue en la época de nuestra postguerra civil. Volvemos a vivir una situación en la que, debido a las consecuencias para la salud pública de la pandemia, la dificultades para satisfacer la demanda del mercado, y las nuevas políticas urbanísticas en aras de la movilidad responsable, hacen que nuestro producto (la moto) sea casi tan necesario para el ciudadano como cuando en este país no había otro medio de transporte personal…lo que fue, como decía antes, hace nada más y nada menos, que OCHENTA AÑOS.

 

No sé si vamos a tener otros ochenta años de motos como la conocemos hoy en día, por lo que todos somos responsables de fomentar el uso de esta tecnología, la afición por nuestro mundillo, la cultura que la rodea, entre todos aquellos que todavía pueden hacerlo. Y así igual puede que esta tecnología, esta afición, la cultura que genera, dure un poco más, o evolu-cione hacia algo que no nos sea tan ajeno.

 

 

¿Cómo va la V7 Stone? Pues mira, algo entre mi querida Triumph Thruxton 1200R (que todavía conservo), y mi añorada Harley-Davidson “Forty-Eight”, pero nada que ver con la fascinación de mi Yamaha XJR 1300.

 

¿Qué me pareció la experiencia de conducir una Moto Guzzi? Pues me ha hecho ilusión sentirme sobre el producto de una marca centenaria, me he enriquecido como motero.

 

No te digo más. Bastante nos cuesta a todos los del sector mantener nuestras flotas de motos de pruebas como para quitarte el factor sorpresa (o llenarte la cabeza de prejuicios) haciendo que pierdas la oportunidad de sacar tus propias conclusiones probándola tu mismo.

 

Vete a probar la moto. Esta, o la que sea musa de tus sueños y desvelos. O aquella que siempre te dio curiosidad. Prueba (y compra) motos, por si acaso luego sea demasiado tarde.

 
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