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La casa de Socorro, un relato de Feli Santana

13 de Noviembre de 2025

La casa de Socorro, un relato de Feli Santana

Cuando las urgencias tenían alma, humor y olor a gasolina

 

Crónica de un accidente con humor: así se contaban las noticias en los años 50

 

En estos tiempos tan modernos y revolucionarios en tecnología, el pensamiento parece atropellarnos con la velocidad de las cosas. Apenas han pasado cuarenta o cincuenta años desde que el mundo funcionaba a otro ritmo: los coches circulaban con calma y sus defensas eran de fundición primaria; las motos se usaban para pasear, y los motoristas no necesitaban casco ni protecciones especiales.

 

Ese boom de sucesos llamado “estadísticas y necrológicas” apenas existía, o no lo conocíamos. Los números no asustaban a nadie como ahora.

 

Que alguien muriera en un accidente de coche o de moto era algo extraordinario, una desgracia tremenda, casi un castigo del destino que se cobraba puntualmente algunas vidas. Pero el tiempo seguía su curso entre tertulias y tranquilidades en blanco y negro. Era una parsimonia que, a duras penas, lograba acelerarnos el pulso o la ansiedad. Es verdad que había pocos coches, y las carreteras no invitaban precisamente a correr.

 

Entonces, en los pueblos grandes, aparte del médico de cabecera o del centro de salud —el famoso “seguro”—, existían las Casas de Socorro, lugares destinados a las emergencias: una especie de servicio de urgencias de primeros auxilios antes de derivar al accidentado al hospital de turno… o al tanatorio, para la autopsia.

 

Estas Casas de Socorro cumplieron un papel fundamental en la sociedad de entonces, ya que los hospitales —pocos aún— eran más bien centros de recuperación o de larga estancia.

 

La Casa de Socorro, por lo general, contaba con un médico de guardia fijo y uno o dos auxiliares que se turnaban. Solía ser una estancia más o menos amplia, equipada con el material necesario para atender urgencias: camillas, medicamentos y elementos básicos, además de una habitación contigua para el descanso del personal de guardia. También disponían de ambulancia: la famosa T1 de Volkswagen, todo un clásico eterno.

 

Indagando entre los viejos sucesos que aparecían en la prensa, encontré una perla digna de relato. Se leía tal cual, así:

 

 

Pueden observar que este “guiso” de noticia se saltaba todas las normas elementales de protección de datos e identidades. Y, además, no disimulaba la sátira al informar —con pelos y señales— sobre los borrachitos con “unas copitas de más”, sin salirse del titular de tragedia y comedia en la ciudad. Muy divertido el mensaje.

 

A buen seguro, en la Casa de Socorro de Vegueta le dieron el pronóstico reservado, y en la Jefatura, la siesta en la camilla del cuartelillo.

 

Para cerrar el relato, destaco algo extraordinario: en la fotografía recreada mediante inteligencia artificial aparece la Casa de Socorro de Telde, con el primer semáforo inglés que llegó al municipio, su fachada original y la inolvidable T1. Un clásico que evoca toda una época.

 
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