25 de Mayo de 2025
KAMIKAZES DE CARRETERA, Un relato de Feli Santana
Siempre los hubo, y más aún sobre dos ruedas. Sin embargo, es cierto que, con los nuevos tiempos y la creciente proliferación de motos deportivas en el mercado, sumado al deterioro de las carreteras y al exceso de confianza de algunos motoristas impulsivos, los accidentes mortales se repiten con preocupante frecuencia. Esta realidad nos obliga a mirar de frente ciertas situaciones incómodas; una auténtica “papa caliente” de la que pocos quieren hablar. Las estadísticas son claras: invitan a la reflexión y exigen una seria toma de conciencia por parte de todos los implicados.
Todos hemos disfrutado de las maravillosas curvas de nuestras islas. Muchos colectivos salen los fines de semana a desfogarse por las grandes rutas moteras. La mayoría son motoristas experimentados, conscientes de los riesgos, que saben medir sus límites y, sobre todo, van correctamente equipados. En estos grupos, sin embargo, los "piques emocionales" son una moneda corriente: pulsos inconscientes que pueden acabar en errores, caídas inesperadas o accidentes irreparables.
Rodar los fines de semana en carreteras abiertas al tráfico es, en sí mismo, una elección arriesgada. Los motoristas responsables suelen evitar las zonas más conflictivas, eligiendo bien las rutas y, sobre todo, a sus compañeros de viaje: gente con un nivel de conducción similar y actitud responsable.
Pero la otra cara de esta moneda aparece cuando se suman al grupo motoristas sin experiencia, con grandes dosis de “gatillo fácil”. Muchas veces son veteranos ya "quemados" quienes los acogen para enseñarles trazadas o ponerlos a prueba, marcando ritmos altos sin definir rutas ni asumir responsabilidades. Y para colmo, entran en juego las fanfarronadas, las apuestas absurdas, los “el último paga los cafés”.
Días atrás, mientras hacía el tramo de San Mateo a Teror en coche —sí, enlatado, por necesidad, llevando unas cajas a otro pueblo—, me encontré con uno de estos “road race” improvisados. Iban en grupo, rápidos y a rebufo de sus emociones. Apuraban frenadas, bajaban marchas con buen ritmo y concentración. Me pareció, al principio, que se estaban divirtiendo. Pero en cuestión de segundos, empezaron a aparecer más pilotos en sucesión, tumbando al límite del asfalto y del sentido del carril. Luego, otros tres. Y dos más apurando las pequeñas rectas para no perder el ritmo. Incluso me pasó un grupo que quería adelantar justo detrás de otro coche, cuyo conductor, visiblemente nervioso, intentaba hacerse a un lado.
Yo, por si acaso, me pegué a la derecha: los últimos del grupo suelen ser los más peligrosos. Y acerté. Aparecieron los novatos, despendolados y con poca ética de motoristas responsables.
INFORME: MOTORISTAS FALLECIDOS EN CANARIAS HASTA EL 25 DE MAYO DE 2025

Me vino a la cabeza el perfil habitual de estos “road racers” de fin de semana: entre 40 y 50 años, motos sport o racing de altas prestaciones, japonesas o europeas, con escapes libres y equipación completa. Motoristas, en principio, conscientes de su pilotaje. Pero el verdadero riesgo es la tentación constante que generan los grupos mal elegidos. Por eso insisto: rodar en grupo puede ser una trampa si no se selecciona bien a los compañeros.
Siempre defenderé que el mejor motorista rueda solo o con uno o dos amigos de confianza. Las carreteras de nuestras islas, salvo que estén cerradas al tráfico o se use un entorno de competición regulado, están para pasear, disfrutar y volver a casa sanos y salvos. Para correr, entrenar o desfogarse están los circuitos, como el del Berriel, que se alquilan a buen precio y ofrecen un entorno mucho más seguro.
Mucha suerte y conciencia para todos.
Por lo demás, deseando volver a coger la moto... porque conducir coche es, sencillamente, horrible.