22 de Diciembre de 2025
Créditos de la Foto: Antonio Cabrera Medina, administrador de Motociclismo Canario
El motociclismo canario está hoy de luto. Nos ha dejado Óscar Ruíz, a los 61 años de edad, uno de los grandes mitos de las modalidades de tierra en las islas durante las décadas de los setenta, ochenta y noventa. Un referente deportivo, sí, pero sobre todo una persona admirada por su humildad, su cercanía y una calidad humana que trascendía cualquier resultado en pista.
Óscar inició su andadura en el mundo del trial en 1977, en una época en la que competir era sinónimo de sacrificio, pasión y entrega absoluta. Desde sus primeras participaciones quedó claro que poseía un don natural para pilotar cualquier tipo de moto, una habilidad innata que lo llevó a destacar en múltiples disciplinas y a ganarse el respeto de rivales, aficionados y organizadores.
A finales de los años ochenta dio el salto al motocross y a los rallyes secretos, consolidándose como uno de los corredores más completos y polivalentes del panorama regional. Su trayectoria deportiva fue tan amplia como impecable: además del motocross, participó en pruebas de slalom y resistencia en asfalto, demostrando siempre el mismo compromiso y profesionalidad. En 1998 decidió retirarse oficialmente de la competición, cerrando una carrera ejemplar que ya formaba parte de la historia del motor en Canarias.
El legado de Óscar Ruíz no se detuvo en él. Su hijo, Javier, heredó ese talento y amor por el deporte del motor, destacando en el mundo del karting con numerosos éxitos en campeonatos regionales. Su progresión lo llevó a competir en monoplazas como la Master Junior Fórmula (MJF) a comienzos de la década de 2010, compartiendo pista con pilotos de la talla de Carlos Sainz Jr., y logrando victorias y podios tanto en Canarias como a nivel nacional. Un reflejo claro de una pasión transmitida de generación en generación.
En el blog El Rincón de Viejas Glorias, Feli Santana lo definía con palabras que hoy cobran aún más sentido, recordándolo como “todo un caballero honesto y silencioso, cercano y leal”. Evocaba, además, su colaboración desinteresada con el evento Viejas Glorias hace más de veinticinco años, apoyando desde la humildad y el entusiasmo a través de la empresa familiar Autopinturas Ruiz, en Miller. Un gesto más de ese carácter generoso que siempre lo acompañó.
Óscar Ruíz fue, ante todo, un señor. Nunca perdió la sonrisa ni el honor de pertenecer a la gran familia del motociclismo canario. Su nombre queda ligado para siempre a aquella generación de los años 70 y 80, pilares de un motociclismo postgeneracional que sentó las bases de lo que hoy disfrutamos en Canarias.
Grande fue tu nobleza, querido Óscar. Que Dios te guarde entre sus leales ejemplos.
Nuestro más sincero pésame y un fuerte abrazo a su familia, amigos y a toda la comunidad del motociclismo canario.
