13 de Agosto de 2026
Adiós a Manolo González, guardián de nuestras viejas glorias
Feli Santana recuerda al amigo, al coleccionista y, sobre todo, al incondicional defensor del Viejas Glorias Canarias.
El motociclismo clásico canario despide a uno de esos hombres imprescindibles que, desde la amistad, la pasión y el compromiso, dedicaron buena parte de su vida a conservar la memoria de nuestras dos ruedas. Manuel Felipe González Rodríguez falleció en Telde a los 67 años.
Hay personas que forman parte de la historia sin necesidad de buscar protagonismo. Están siempre ahí, colaborando, ayudando, conservando y compartiendo. Manuel Felipe González Rodríguez, Manolo para sus amigos, fue una de ellas.
Su fallecimiento, el pasado 11 de agosto en La Higuera Canaria, a los 67 años, deja un profundo vacío entre quienes compartieron con él tantos años de afición por las motocicletas clásicas y, especialmente, dentro de la gran familia del Viejas Glorias Canarias.
Feli Santana, amigo cercano y compañero de innumerables encuentros, lo recuerda como «un auténtico símbolo del motociclismo canario», pero también como uno de esos aficionados cuya aportación fue fundamental para que muchas motocicletas y ciclomotores que forman parte de nuestra memoria hayan llegado hasta nuestros días.
Siempre dispuesto a cargar la camioneta
Durante muchos años hubo una imagen que se repetía cuando se acercaba una nueva edición del Viejas Glorias.
Manolo cargaba ilusionado su camioneta con motocicletas, ciclomotores y todo cuanto pudiera aportar al encuentro. Pequeñas y medianas cilindradas que había conservado o recuperado con paciencia volvían a ver la luz para que otros aficionados pudieran contemplarlas y recordar una época.
Nunca importaba demasiado el esfuerzo.
Había que cargar, transportar, descargar, colocar y, terminado el encuentro, volver a hacerlo todo en sentido contrario. Manolo estaba allí.
Siempre fiel. Siempre alegre. Siempre con aquella chispa de viejo guerrero del asfalto.
No entendía el Viejas Glorias únicamente como una exposición de motos antiguas. Lo sentía como algo suyo, como un punto de encuentro entre amigos y generaciones, y como una oportunidad para mantener viva una parte de la historia del motociclismo de Canarias.
Fue, como recuerda Feli Santana, un defensor a ultranza del Viejas Glorias.
La Higuera Canaria y aquel pequeño santuario del motor
Feli conserva especialmente en la memoria las visitas a su casa de La Higuera Canaria.
Allí aparecía el Manolo más auténtico.
Los fines de semana transcurrían alrededor de sus motos y coches clásicos, entretenido entre hierros, mecánica y recuerdos. Siempre había alguna máquina esperando atención, alguna historia que contar o algún proyecto que compartir con los amigos.
Porque, por encima incluso del coleccionismo, estaba su deseo de compartir.
Manolo disfrutaba recuperando aquellas pequeñas cilindradas que durante décadas habían servido para ir al trabajo, desplazarse entre pueblos o descubrir por primera vez la sensación de libertad que proporcionaban dos ruedas y un pequeño motor.
Muchas de aquellas máquinas, aparentemente humildes y durante años condenadas al abandono, encontraron refugio gracias a aficionados como él.
Material que probablemente habría desaparecido terminó formando parte de nuestro patrimonio motociclista gracias a su empeño por conservarlo.
Y eso también es hacer historia.

Manolo y su Bultaco
Entre todas aquellas motocicletas resulta difícil no asociar su imagen a su Bultaco.
En la fotografía que acompaña estas líneas aparece precisamente sobre ella, rodeado de otras motos y amigos. Una escena que hoy adquiere un significado especial porque resume perfectamente una manera de vivir la afición: en compañía, compartiendo carretera y disfrutando de unas máquinas capaces de unir generaciones.
No hacen falta grandes victorias, récords ni campeonatos para dejar huella en el motociclismo.
También construyen su historia quienes rescatan una moto destinada al olvido, quienes cargan una furgoneta para llevarla a una exposición, quienes dedican sus fines de semana a mantenerla viva y quienes disfrutan enseñándosela a los más jóvenes.
Manolo pertenecía a esa estirpe.
Nos quedamos con sus mejores sonrisas
Hoy toca despedir al amigo.
Queda el dolor inevitable de su ausencia, pero también una colección inmensa de imágenes, conversaciones, encuentros, motores y buenos momentos.
Desde Canariasenmoto queremos trasladar nuestro cariño y nuestras condolencias a su esposa, María del Carmen Caballero Pulido; a sus hijos, Manuel Francisco y Borja; a su nieta Lara; a sus hermanos, familiares, amigos y a toda la familia motociclista que compartió tantos momentos con él.
Y queremos hacerlo recuperando las palabras de Feli Santana, probablemente la manera más sencilla y sincera de despedir a quien compartió tantos años de camino:
«Nos quedamos con sus mejores sonrisas con el Viejas Glorias, del que siempre fue un defensor a ultranza. Abrazos al cielo, compañero. Hasta volvernos a ver».
Descanse en paz, Manuel Felipe González Rodríguez.
Las motos que ayudaste a conservar seguirán contando historias.
Y, de alguna manera, en cada Viejas Glorias también seguirá estando Manolo.