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El Desayuno Dominical hace un homenaje a D. Andrés Verona

17 de Abril de 2021

El Desayuno Dominical hace un homenaje a D. Andrés Verona

Hace escasos 16 años, metidos en sintonía Viejas Glorias con la organización, de la edición 2006, elaboramos la revista anual y había un personaje entrañable que le tenía especial cariño por la cercanía y el halo de historias que desprendía cada vez que hablamos de motos viejas y motoristas antiguos. No dudamos en visitarle junto a Marcel, en su casa de Vegueta, para que nos contara y mostrara su entusiasta pasión. 

 

En nuestra intención de dedicar los “Desayunos Dominicales” a esta sintonía de motoristas y motos antiguas, queremos devolver a escena aquel artículo que no tiene desperdicio y nos proyecta una imagen lejana de los primeros pilotos de carreras de motos en Canarias y sus vicisitudes del día a día.

 

D. Andrés Suarez Verona, nos dejó hace algunos años y su recuerdo queda inmortalizado en la guía de los relatos de las viejas glorias ilustres

 

D. ANDRÉS VERONA ”CHIFLADURAS POR LAS MOTOS”

 

Maestro Andrés nace en Las Palmas de Gran Canaria en el año 1936, en Vegueta. Fue perito mercantil y asesor fiscal toda una vida activa en el mundo de las motos. Se le podía ver a menudo por las calles de la ciudad a bordo de su Suzuki GT 500 de dos tiempos y tres cilindros. Le reconocíamos porque además de su color verde, iba dejando un inconfundible rastro de humo por sus escapes. Él nos cuenta que su relación con las motos es una “Chifladura”, yo lo llamo pasión y amor por ellas. 

 

Antes de la década de los 40, siendo muy niño, su madre lo asomaba a la calle cuando entraban y salían las motos del taller del alemán, en Vegueta Él no perdía detalle, le gustaban. Más adelante, con 8 ó 9 años, cuando salía del colegio, veníac orriendo a casa, merendaba y salía disparado a hacer su particular ruta por todos los talleres de la zona (que no eran pocos). Se perdía, literalmente. Su padre lo daba por desaparecido y empezaba a buscarlo por todoslos talleres. A Andrés le llamaban cariñosamente “el inspector”, pues parecía que esa era su misión por todos y cada uno de estos sitios. Lo conocían bien en todo el barrio. Le encantaban los motores. Aunque su padre también tuvo moto por estos años (no recuerda cual) le maravillaba la moto de su tío, una Royal Enfield de 500c.c. que aún conservan en un estado impecable en posesión de la familia.

 

 

Pasan los años y la afición crece. Su primera moto fue una Mobylette, aunque llegó a fabricarse su propia moto con un chasis de una ”Cete” al que le añadió un motor italiano. Él dice que era algo normal en una época en la que había que buscarse la vida. Esos años eran muy gratos para un “chiflado”por las motos y coches. Nos llegaban muchas piezas de Inglaterra. Teníamos un comercio envidiable con este país, y así nos llegaban muchas joyas que todavía hoy se conservan en perfecto estado. Éramos unos privilegiados por tener el Muelle de La Luz, al que también llegaban muchas mercancías de otros países.

 

Andrés tiene una debilidad; su Maico Móvil, una moto alemana de 250 cc y dos tiempos. Una moto que fue suya hasta en tres ocasiones. Que vendió y compró en varias oportunidades porque no se acostumbraba a las Montesas y Butacos que compraba. No eran malas en absoluto, sino que no se acostumbraba a su conducción y siempre terminaba devolviéndolas. La última vez que recuperó la Maico fue porque encontró a alguien en una fiesta que ledijo que él tenía su moto, pero que no se la podía vender porque le gustaba mucho. Andrés fue a verla y le dio pena, estaba en un taller mal conservada y no se la venderían. Días más tarde, lo llamó su esposa para que volviera a su casa corriendo que la Maico la habían traído… ¡Se la regalaron!

 

Una historia bonita tiene también con otra moto; una Motosacoche. Alguien, tiempo atrás, cuando había mucha emigración a Cuba y Venezuela, estando en un muelle de la Isla Cubana, vio una moto que le gustaba, sin pensárselo la metió en el barco y la trajo a Gran Canaria. Aquí se le dio un uso normal en Arucas (sin papeles), eso sí, hasta que el Ayuntamiento la confiscó, le puso un sidecar y la convirtió en el coche del alcalde (Año1936). Pasó el tiempo y la moto se devolvió a quien se la había confiscado. Después, alguien sabedor de la afición de Andrés por las motos, se la regaló… ¡No pudo pasar a manos mejores!

 

 

A principio de los años 50, había crecido mucho la afición por las dos ruedas ya se hacían algunas competiciones: Vueltas a la isla, subidas a Tafira, en las cuales Andrés participó varias veces. Recuerda con más cariño las pruebas del kilómetro lanzado, cuando no había autopista hacia el sur, y San Cristóbal no estaba seccionado por esta vía. La iglesia de este barrio estaba en medio de la calle, se trazaba una línea en el suelo, había que correr hasta donde está hoy la extinguida agua de San Roque que hacía de meta y luego se partía hacia la iglesia otra vez. Se sacaba la media y se daba el ganador. A Andrés le encantaba esta prueba y de hecho la ganó en varias ocasiones, siempre con su Maico Móvil. 

 

Estas carreras eran muy populares. Sonaban nombres como Sergio Bolaños, Juan Artigas, Manolo Bautista, Antón “el de la casa Ford”, Pepe “el gafas” y tantos otros, recuerda Andrés, que en esta prueba a veces corrían pocas motos, unas 15 más o menos. También acude a su memoria recuerdos de cuando Juan Artigas se presentó con una Ducati, en mono de cuero y muchas ganas. Los demás pilotos no salían de su asombro. Estaban perplejos ante tal personaje. Quizá fuera determinante para que Juan ganara ese año.

 

Andrés nos cuenta las penurias que se pasaban en las competiciones de aquellos años. En una subida a Tafira, el piloto Pepe Monzón (padre del actual piloto de automovilismo, Luís Monzón), tuvo un accidente muy aparatoso y afortunadamente no fue grave, pero el piloto en cuestión se dejó las rodillas en el asfalto. Salió en ambulancia hacia Las Palmas teniendo que subir más tarde el vehículo otra vez, a buscar la rótula de una rodilla. Se acuerda del espíritu motero que había antes y del que un poco queda todavía. Nadie se quedaba tirado en la carretera sin que te echaran una mano, aunque fueras un desconocido… ¡Eran otros tiempos!

 

 

La vida de “maestro Andrés” ha seguido su curso siempre entre coches y motos. Siempre vinculó su trabajo en este ramo, con varias tiendas de repuestos que le hacían estar al día en esta especialidad. Hace años que se dedica a restaurar motos de manera muy artesanal, y les aseguro que es un auténtico maestro. Actualmente está jubilado y es precisamente ahora cuando más disfruta de su pasión por las motos. Le echa todo el tiempo que el cuerpo le pide, que es bastante ya que siempre está metido con los hierros.

 

Andrés ya tiene unos dignos herederos de sus“chifladuras”, de sus joyas y de su pasión; sus dos nietos. Se les ven maneras y apuntan alto en esto de querer las motos, los motores y las ruedas. El pequeño aún corre mejor si juega su abuelo con él a ser Pedrosa ó Fernando Alonso. Tiene madera el chico. Descubro como se le encienden los ojos cuando con mucho cariño recuerda cuando iba a Telde a buscar a su novia, hoy su esposa. Llovía a cántaros muchas veces, pero no importaba, aún con el coche en la puerta, él sacaba la moto e iba a buscarla. Aunque llegaba empapado, la novia enfadada, no podía ir al cine o a cualquier parte de esa manera y su suegro rezando para que su santa hija no se casara con un desgraciado como ese. 

 

Creo que Andrés tuvo la gran suerte de encontrar a una mujer que ha creído en él y en todo lo que ha hecho. Sin una mujer con esta sensibilidad dudo que hoy nos contara esta maravillosa historia.Y contando, hablando y recordando, llegó la hora de la despedida, y en su honesto agradecimiento se apresuró a invitar la cuenta de los cafés que nos tomamos mientras la charla. Como buen motero sacó el monedero, desparramó encima de la barra del bar la calderilla y casi comenzamos de nuevo otra historia entre sus monedas. No podía faltar los apaños de cualquier motorista de entonces… ¡Mejor contemplar la foto!

 

 

La ventana al pasado de Pepe Monzón: Andrés Suárez Verona

Andrés Suárez Verona fue una persona muy vinculada al mundo de las dos ruedas, pero no tuvo una extensa carrera deportiva como piloto. Sólo tenemos referencia de su participación en el “II Kilómetro Lanzado 1962”, donde corrió con su curiosa Maico Mobil, en la categoría de Scooter hasta 250 cc. Siendo vencedor de su categoría realizando un tiempo de 44”85, a una media de 80.267 Km/h.

 
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