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De Tenerife a la Selva Negra 4: Comienza el regreso hacia España

20 de Noviembre de 2019

De Tenerife a la Selva Negra 4: Comienza el regreso hacia España

CAPÍTULO 10 – NAUDERS – VILLAGI

El día 16 amaneció fresco en el Tirol Austríaco, y nos levantamos con mucha ilusión, ya que nos esperaba una de las etapas míticas del viaje: El PassodelloStelvio, una de las visitas casi obligadas que todo motero debe hacer al menos una vez en la vida. Y la verdad es que no defraudó.

 

Tras muchos kilómetros llaneando a través de impresionantes montañas, algunos lagos y bonitos pueblos, comenzamos a ascender. A ratos había tramos “ligeros”, pero en general, predominaban curvas muy muy cerradas que enlazaban unas con otras en pocos metros. Al igual que en el Col du Grand Saint-Bernard, el paisaje iba cambiando y la temperatura iba bajando. En pocos minutos, estábamos rodeados de pequeños riachuelos y, cada vez, más nieve, hasta hacerse la dominadora del horizonte.

 

Durante toda la subida no dejamos de cruzarnos con decenas de motos y ciclistas, que en ese momento me parecían súper héroes. ¡Hasta en moto cansa subir hasta los 2.757 metros del puerto!

 

Una vez arriba, nos sentimos embriagados por el ambiente motero (y ciclista). Algunos no nos pudimos resistir a comprar camisetas y pegatinas. Era incesante el pasar de motos, trail, touring, racing,… no importaba la montura que llevaras. Allí eras bien recibido.

 

Conocimos allí a Vicente, otro viajero motero que llevaba ya unos 8000 Km. por Europa y con intercambiamos anécdotas de nuestros viajes. Hubo tan buena sintonía que nos acompañó gran parte del día.

 

 

Tras comer una especie de perrito caliente a lo bestia que servían allí, comenzamos la bajada por el lado italiano… ¡qué pasada! ¡Menudas vistas! Además, la carretera algo más rápida, aunque eran tal la cantidad de tráfico que bajaba que tampoco podías ir muy alegre.

 

Los diez grados que había arriba poco a poco fueron ascendiendo, hasta llegar a 30 grados, lo que nos hacía tener más ganas de llegar a nuestro siguiente destino: El Lago Como. Nos llamó la atención una larguísima recta interminable y lenta por el tráfico, entre Madona de Tirano y Morbegno. ¡Unos 52 kilómetros sin curvas! Y no olvides los 30 grados… Tras un par de paradas con helado incluido, llegamos al Lago, donde nos dimos un merecido y refrescante baño. ¡No daban ganas de salir del agua! Y eso que estaba muy muy fresquita.

 

 

Después de despedirnos de Vicente, partimos hacia nuestra siguiente parada, el Lago di Lugano. Aquí solo paramos para disfrutar de las vistas. Cruzamos algunos túneles, después de una hora de camino, ya estábamos en el Lago Maggiore. ¡Y volvimos al agua! Un baño espectacular en un lugar maravilloso, que además coincidía con la puesta de Sol. ¡No se puede pedir más!

 

Poco antes del anochecer, partimos hacia Villagi, al sur del lago, donde ya habíamos reservado hotel. ¿Y qué podíamos cenar en nuestra primera noche en Italia? ¡Marchando Pizzas para cuatro!

 

 

CAPÍTULO 11– VILLAGI – NIZA

El día 17, aún embragados del intenso día anterior, nos despertamos con un día estupendo para rodar en moto. En la ruta se encontraba Turín, pero con las malas experiencias con el tráfico, y con Maps mostrándonos varias zonas “rojas” antes de entrar, decidimos rodearla para poner rumbo a Tende.

 

Al poco de salir, Google, muy simpático él, decidió meternos por una pista de gravilla de varios kilómetros, y como puedes ver en las fotos, solo uno de nosotros iba con moto trail… Afortunadamente, estaba bastante compacta y la pudimos pasar sin mucho problemas.

 

Antes de comenzar el último ascenso a Los Alpes, hicimos una parada en Cuneo. Una localidad que nos sorprendió positivamente. Se respiraba historia en sus adoquinadas y largas calles. Tras visitar su catedral, comer unos paninis y resfrescarnos con cerveza (SIN), volvimos a nuestras monturas que habían descansado al Sol y con más 30 grados. Te puedes imaginar cómo estaban los asientos…

 

El ascenso hacia Los Alpes fue espectacular, cruzando algunos puentes altísimos y modernos… hasta que llegamos al túnel de Tende. Se trata de un paso de montaña inaugurado en 1882, y aunque a la vista parece que tiene un carril para cada sentido, lo cortan para que pasen primero desde el lado francés, y luego, los del lado italiano. Cada parada dura 20 minutos, o al menos eso llegamos a ver en el reloj.

 

Tras la larga espera, tocaba pasar. Al menos las motos salimos delante. Tras bajar bastantes curvas, llegamos a Tende. Un precioso lugar para patear con una iglesia digna de ser visitada. Nunca habíamos visto un altar cuyo fondo es la naturaleza.

 

 

Al salir de Tende pusimos rumbo a Mónaco, y una vez más Google nos envió por el camino más lento, ¡pero mucho más divertido! ¡Menuda carretera! Curvas de todo tipo, perfectamente asfaltadas, primero en ascenso, y luego en descenso, hasta llegar cerca de Mónaco, cuando el tráfico ya no permitía ir nada alegre. Pero nada nada…

 

Tras una curva, de repente, ahí estaba Mónaco, imponente. Una imagen que habíamos visto muchísimas veces en fotos y vídeos, ahora era nuestra. Frenada en seco y a tomar fotos de las vistas.

 

Todo lo que se cuenta de este pequeño país es cierto. Hay lujo en cada esquina, en las tiendas, en el mar, en los concesionarios de coches,… Tras pasear por sus calles y el puerto deportivo, ¿qué quedaba? ¡Trazar el circuito de F1, por supuesto! Aunque no se puede hacer todo el trazado, no podían faltar la curva Loews y el túnel. ¡Qué guapada!

 

Tras salir de Mónaco, nos dirigimos a Éze, un precioso pueblo encaramado en una colina junto a la costa. Era bonito verlo desde afuera y disfrutar las vistas desde dentro. Lamentablemente nos volvió a coger la noche y llegamos ya, sin luz, a Niza, donde haríamos noche. Después de una cena en el lugar más cercano al hotel que encontramos abierto, tocaba descansar.

 

 

CAPÍTULO 12 – NIZA – BÉZIERS

El día 18 de junio se preveía muy duro por la gran cantidad de horas que íbamos a pasar sobre la moto y el intenso calor de hasta 34 grados. La idea inicial era visitar Nimes, ya que a la ida no nos dio tiempo de parar debido a la gran cantidad de coches que había, y luego, hacer noche en Béziers.

 

Ya de salida, comenzamos con algo de agobio debido a los atascos de Niza. Enlatados apelotonados aquí y allá, con pasos muy estrechos para pasar con motos y maletas. Salías de un atasco y al poco rato, te metías en otro, y con la temperatura subiendo poco a poco. Finalmente llegamos al primer destino del día: El precioso pueblo de Grasse, uno de los más bonitos de Francia. Todo un placer pasear por sus calles y visitar algunos de sus monumentos. Además, nos encontramos con un homenaje a los caídos en la I Guerra Mundial. Después de desayunar, proseguimos el viaje.

 

Al salir, la autopista de peaje… interminable… La mayoría de paradas hoy fueron en estaciones de servicio, con su bendito aire acondicionado y sus helados… No daban ganas de salir.

 

 

Llegamos a Arlés a la hora de comer. Una ciudad que no teníamos previsto visitar y que, una vez más, nos dejó sorprendidos por lo conservados que tenían sus monumentos romanos. Nada que envidiar a Nimes.

 

Tras reponer fuerzas, viendo que ya teníamos cultura romana suficiente por un día y que ya pasábamos de largo los 30 grados, decidimos salirnos de la autopista de peajes y no entrar en Nimes, para seguir hacia la estrella del día: El Puente del Diablo de Saint Jean de Fos. Lo peor es que, una vez más, nos cogió algo de atasco, y eso que solo “rozamos” la ciudad de Nimes. La siguiente parada fue en Carnon, una especie de isla en la costa, convertida en una zona muy turística, llena de hoteles y puertos deportivos.

 

Tras esta última parada, llegamos por fin al Puente del Diablo. ¡Qué maravilla! Una joya en medio de la nada. Paz, tranquilidad, naturaleza, aguas cristalinas… un merecido premio para un día bastante duro. Allí nos quedamos algunas horas, hasta que se puso el Sol.

 

Una vez secos, tomamos rumbo a Béziers, ciudad que ya habíamos visitado hacía unos días. Tras guardar las motos en el garaje y ducharnos, salimos a cenar, pero, ¡en Europa se cierra temprano! Lo único que encontramos abierto fue un supermercado que, curiosamente, traía productos de Mercadona desde España.

 

Así que, a descansar, que mañana volveremos a España.

 

 

Capítulos anteriores...

De Tenerife a la Selva Negra 3: La Selva Negra de camino a Los Alpes (VER CAPÍTULO)

De Tenerife a la Selva Negra 2: Historias entre Carcasone y Wyssachen (VER CAPÍTULO)

De Tenerife a la Selva Negra 1: 8 países y 7.500 km de anécdotas (VER CAPÍTULO)

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