|  Suscribirse  |   Acceder   |   Contactar

De Canarias a la Patagonia (9): Tres Lagos, Chaltén y El Calafate

23 de Marzo de 2026

De Canarias a la Patagonia (9): Tres Lagos, Chaltén y El Calafate

Noveno capítulo del viaje en moto al Fin del Mundo

 

Un relato de Feli Santana

 

🔗 De Canarias a la Patagonia (10): Perito Moreno, el gran frigorífico abierto

🔗 De Canarias a la Patagonia (9): Tres Lagos, Chaltén y El Calafate

🔗 De Canarias a la Patagonia (8): La Pampa de los 73 malditos

🔗 De Canarias a la Patagonia (7): De Puerto Tranquilo a Perito Moreno

🔗 De Canarias a la Patagonia (6): Rumbo marcado a la pampa infinita

🔗 De Canarias a la Patagonia (5): Ventisquero - Coyhaique bajo la lluvia

🔗 De Canarias a la Patagonia (4): Futaleufú, pinceladas de los dioses

🔗 De Canarias a la Patagonia (3): Valles gigantes y ríos celestes

🔗 De Canarias a la Patagonia (2): La región de los lagos

🔗 De Canarias a la Patagonia (1): La gran aventura sobre dos ruedas

 

La novena etapa de la expedición por Patagonia nos lanzó, sin concesiones, a uno de los tramos más duros de la ruta: el temido “73 maldito”. Ripio interminable de ese que no se recorre… se padece. Frío seco, viento constante y una soledad tan vasta que parece anterior al propio hombre.

 

Y, sin embargo, en medio de esa dureza aparecen los lagos, como visiones inesperadas: espejos donde la tierra recuerda que también sabe ser hermosa.

 

Salimos de Gobernador Gregores dibujando una línea recta sobre la inmensidad hasta alcanzar el lago Cardiel. Allí el paisaje parece detenerse. Sus aguas turquesas permanecen inmóviles, reflejando el cielo como si lo custodiaran.

 

Este lago guarda además una historia curiosa. Lleva el nombre del jesuita José Cardiel, explorador del siglo XVIII junto a Strobel y Quiroga. Pero la leyenda que más perdura habla de un hecho casi milagroso. A mediados de los años cuarenta, un avión que transportaba alevines hacia el sur fue sorprendido por una tormenta. Ante la imposibilidad de continuar el vuelo, el piloto decidió liberar la carga. Los pequeños peces cayeron sobre el lago Cardiel como una lluvia inesperada. Y el lago, como si lo hubiera esperado desde siempre, los acogió.

 

Seguimos adelante. En Patagonia uno no se detiene: avanza… o se queda atrapado en la inmensidad.

 

 

Entonces aparece el cerro Chaltén, levantándose como un centinela de piedra con sus 3.405 metros vigilando el Campo de Hielo Patagónico Sur. Y más allá, como una revelación única, surge el Fitz Roy, cortando el horizonte con una presencia imponente. No es una montaña que simplemente se observe: es una montaña que se enfrenta.

 

Dejamos atrás Tres Lagos y continuamos hacia otro gigante natural: el lago Viedma. Glaciar, inmenso, casi imposible de abarcar con la mirada. Sus aguas, nacidas del hielo milenario, parecen arrastrar el tiempo de siglos.

 

La ruta continúa atravesando el desierto frío de la Patagonia. Un territorio donde el viento es dueño absoluto y donde las estancias aparecen como pequeños signos de humanidad en un paisaje que no las necesita. Río La Leona, estancia Irene, nombres que surgen en el mapa y desaparecen de nuevo en la distancia.

 

 

Hasta que llega el tercero de los grandes lagos.

 

El lago Argentino irrumpe como un mar interior. Turquesa, lechoso, inmenso. Al fondo, la cordillera marca el límite del paisaje, como si protegiera los hielos eternos que se esconden tras ella.

 

Lo rodeamos en silencio, atrapados entre la aridez de la tierra y la presencia majestuosa de los glaciares.

 

Y entonces aparece El Calafate.

 

Después de tantos kilómetros de vacío, el pueblo parece casi irreal: luces, gente, movimiento. Un pequeño regreso al mundo cotidiano en mitad de la Patagonia.

 

Pero como ocurre con tantos lugares de estas tierras, también aquí vive una leyenda.

 

Dicen que Calafate fue una joven tehuelche, hija de un cacique, tan bella como indómita. Su historia de amor —prohibida según las tradiciones de su pueblo— terminó en castigo. Fue transformada en un arbusto espinoso, resistente, salvaje: el calafate.

 

De sus ramas nacen unas pequeñas bayas oscuras que guardan una promesa conocida por todos los viajeros.

 

 

Quien prueba el fruto del calafate, siempre regresa a la Patagonia.

 

Tal vez sea verdad.

 

O quizá la verdad sea aún más simple: no es el fruto el que llama, sino la tierra.

 

Porque quien atraviesa estos caminos, quien resiste el viento, el ripio y las distancias… quien se enfrenta a estos lagos y montañas… ya no se marcha del todo nunca.

 

Nosotros lo sabemos.

 

Se pruebe o no el calafate, siempre se vuelve.

Empresas Relacionadas
 
Te recomendamos
 

PUBLICIDAD
MOTO OCASIÓN Suzuki V-Strom 650 ABS XT - 4999 €

Canariasenmoto.com - El portal de la moto en Canarias - Aviso Legal - info@canariasenmoto.com - Mapa Web - Mapa Web Completo - Accesorios - RSS