20 de Marzo de 2026
Sexto capítulo del viaje en moto al Fin del Mundo
Un relato de Feli Santana
La expedición hacia el Fin del Mundo experimenta hoy un cambio paisajístico evidente. Los espacios comienzan a abrirse y la pampa patagónica aparece en escena, dejando atrás la monotonía de los cruceros largos entre rectas interminables. Aquí la Ruta 40 tiene un enemigo silencioso: la inmensidad.
En estas llanuras el cielo se convierte en un espejo intenso que funde el horizonte en un vértice inalcanzable. El único sonido dominante es el susurro del viento y el lento movimiento del paisaje, que parece avanzar en cámara lenta mientras envuelve al viajero en una especie de melancolía hipnótica. Para los grandes viajeros del mundo existe un peligro real en estas latitudes: quedarse dormido sobre la moto.
Recuerdo una anécdota de un viaje anterior a Ushuaia. En una de esas trampas de la pampa calculé que avancé dormido, en línea recta y en automático, durante varios kilómetros. Cuando desperté, el susto fue monumental. Decidí adelantar a todo el grupo y paramos para aplicar una técnica que habíamos aprendido años atrás en Mauritania: el sistema de relevos.
El último del grupo adelantaba al resto, saludando e interactuando con cada compañero hasta colocarse en cabeza. El primero bajaba ligeramente el ritmo para facilitar el relevo. Así la conducción se volvía más dinámica, más despierta, y se combatía el enemigo invisible de estas rutas infinitas: el sueño.

Coyhaique, última gran ciudad de la región de Aysén, marca el punto de partida de esta jornada. Desde aquí nos dirigimos hacia el monumento natural de Cerro Castillo, un paisaje que cambia progresivamente: menos vegetación cerrada, más amplitud visual, lagos dispersos y montañas esculpidas por el viento.
Durante la jornada, Leti y Pedro tuvieron ocasión de conocer a la profesora e historiadora Margarita Bahamonde, una de las figuras que han contribuido a recuperar episodios históricos ligados a la Guerra del Pacífico y a otros acontecimientos que definieron las actuales fronteras del territorio chileno.

La expedición avanza con el ánimo renovado. Valle Simpson, Balmaceda, Las Horquetas, El Progreso y Cerro Castillo, junto al impresionante Mirador de los Vientos, muestran el color singular de estas tierras donde la caliza blanca se mezcla con el verde profundo de los montes.
Las pistas de ripio, en excelentes condiciones, alternan con tramos de asfalto que permiten disfrutar plenamente de la conducción. A nuestro lado aparecen el Lago Verde, el río Ibáñez y el río Murta, que nos acompañan hacia los grandes espacios abiertos del sur.

El camino continúa hacia Puerto Murta, uno de los brazos del Lago General Carrera, el lago más grande y profundo de Sudamérica, compartido entre Chile y Argentina. Mañana tendremos ocasión de contemplar con mayor detalle esta inmensa masa de agua azul oscuro, cuya profundidad supera los 500 metros.
La etapa concluye en Puerto Tranquilo, tras una jornada larga y generosa en paisajes. Este territorio comienza a mostrarnos los grandes horizontes que nos esperan en los próximos días.

El ritmo del viaje sigue siendo sereno, casi contemplativo. El cansancio aparece inevitablemente al final de cada jornada, pero el descanso devuelve la energía necesaria para continuar esta aventura.
Hemos alcanzado ya el ecuador de la expedición.
Aún queda una intensa semana de ruta hacia el sur.
Y cada día seguiremos contándolo con la emoción de quien siente que, sobre la moto, está viviendo algo irrepetible: la comunión del viajero con la grandeza del planeta Tierra.