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Cuando correr es vivir: la historia de Germán y sus motos

07 de Agosto de 2025

Cuando correr es vivir: la historia de Germán y sus motos

Germán González, siempre enganchado a las carreras de ayer

 

✍️ Por Feli Santana

 

A medida que el tiempo va pasando por nuestras vidas, la experiencia y el gusto por lo clásico se enraízan más y más en nuestras pasiones. En ese poso de sabiduría forjado con los años encontramos la razón de ser, el disfrute sosegado, la continuidad de los gozos que nos marcaron.

 

Cada vez que volvemos al garaje de los amigos, a charlar sobre motociclismo —ese de ayer, de siempre—, renace el vínculo común. Las heridas de guerra, los piques, las aventuras… Todo se convierte en un libro de vivencias con brillo propio: el brillo de quien ha superado mil batallas.

 

Germán González es uno de esos nombres imprescindibles. En los años 70, pasaba de puntillas, embobado frente a los ciclomotores, deseando con fervor poseer uno de aquellos billetes de libertad. Tras varias Derbi, a las que exprimió a fondo, decidió salirse del camino común y enamorarse de una Moto Guzzi 50. Porque sí, porque todo el mundo tenía una Derbi, pero las italianas marcaban distinción: detalles cuidados, diseño inconfundible y alma de competición.

 

 

Germán González: el alma clásica del motociclismo canario

 

Su juventud fue un rosario de “galletas” acumuladas. Algunas de las buenas… y otras casi milagrosas. Como aquella vez en Las Lagunetas, cuando voló —literalmente—, atravesó el techo de una casa y cayó al bajo. Solo un ángel de la guarda pudo firmar aquel aterrizaje. Años de escapadas con la pandilla motorizada, heridas en hombros, piernas y rostro. Como un guerrero vikingo, Germán sobrevivió a la pubertad a golpe de acelerador.

 

Luego llegó la Vespa, que no era solo moto, sino furgoneta adaptada. Descubrió que en ella cabía más que un pasajero: ropa, herramientas, mantas, tiendas de campaña… ¡y hasta unos baúles improvisados con garrafones de aceitunas de 30 litros! Se los dio Juan Alfonso Rodríguez de “Escamilla” y con ellos viajaban a Tenerife para asistir a las carreras, cargados hasta arriba de todo lo que un motero puede necesitar.

 

Pero el destino, que siempre juega sus cartas, le tenía reservada una prueba más dura: al regresar a Las Palmas se encontró con una obra inesperada en su calle… y se empotró contra un Fiat Panda. Gracias a la rápida intervención de un médico, no le amputaron la pierna, aunque pasó un largo y doloroso proceso de recuperación entre yesos, operaciones y rehabilitación. Pero Germán volvió a caminar… y a montar en moto.

 

 

El regreso a las carreras

 

Todavía arrastrando el pie con bastón, ya sentía el gusanillo de las carreras llamando a su puerta. Las motos volvían a darle sentido a la vida. Competir era pactar con la experiencia y con las propias limitaciones. Hoy, Germán es ese veterano al que todos escuchan, el que nunca habla más alto que su sabiduría. Hombre de referencia, consejero empático, alma de garaje.

 

Ahora su día a día transcurre en su pequeño taller, junto a “Pistona”, su inseparable perrita. Allí cuida, restaura y embellece sus máquinas con mimo de filósofo motero. Otra suerte grande fue haber encontrado a Monse, su compañera de vida, con quien comparte rutas, aventuras y pasión dentro y fuera de la isla. ¡Una pareja motera ejemplar!

 

 

II Subida a Barlovento

 

Con motivo de la II Subida a Barlovento, que se celebrará el próximo 6 de septiembre en La Palma, Germán se ha convertido en referente del motociclismo de clásicas. Su espectacular BMW R100, una joya de época, ya tiene fieles que le siguen la estela. Es la voz del sentido común en una disciplina exigente como el road race.

 

La organización RR Eventos cuenta con él para aportar su visión y experiencia. En las reuniones de seguridad siempre deja claro: “En estas carreras se gana poco… y se puede perder mucho.”

 

Las inscripciones llevan meses cerradas. El evento promete, y ya se perfila como la cita canaria de referencia en carreras de montaña. Germán, junto a muchos Viejas Glorias, está sembrando la semilla para recuperar estas disciplinas denostadas y dotarlas de un nuevo valor, más seguro y organizado.

 

 

Sueños que no se apagan

 

Germán no deja de soñar. Ya tiene en mente su próximo cumpleaños, que celebrará en la Subida a Colombres, en la frontera astur-galaica. Allí, entre británicos y franceses con monturas relucientes, volverá a saborear ese espíritu de camaradería y nostalgia que lo sigue moviendo.

 

 

En su garaje, las charlas giran entre dos amores mecánicos:

🔧 Una Parilla italiana, que corrió las Subidas a Tafira en los años 60 de la mano de Óscar Álamo, y que Germán ha conseguido restaurar con esmero.

🔧 Y su BMW bávara, adquirida a Paco Quintana y adaptada a su estilo, su filosofía y su forma de entender las clásicas de carreras.

 

 

Además, guarda algunas joyas más modernas que saca al circuito de Berriel para desahogar el gas.

 

Con Germán y su culto al romance clásico de las dos ruedas comienza una nueva etapa: la de recuperar a los veteranos de combate, para compartir exhibiciones sin otro fin que el disfrute, la emoción y el recuerdo de otros tiempos.

 

¡Qué grandes estos muchachos… que nunca dejan de soñar ni de contar!

 

 
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