08 de Septiembre de 2025
Tras 35 años de espera, parece que ahora sí que sí
Las máquinas ya trabajan en el paraje de Los Duques de Atogo, en Granadilla de Abona. A pie de obra, el polvo y el ruido de los camiones certifican lo que parecía imposible: el arranque real de las obras del esperado Circuito del Motor de Tenerife. Un proyecto que ha tardado más de tres décadas en comenzar a materializarse y que, pese a las polémicas y trabas judiciales, da por fin sus primeros pasos.
El Cabildo de Tenerife, sin actos públicos ni anuncios institucionales, ha iniciado este verano los primeros movimientos de tierra en la parcela de más de 650.000 metros cuadrados destinada a acoger la futura infraestructura. Allí se proyecta una pista de 4.050 metros de longitud, con 16 curvas y una recta principal de 800 metros, capaz de albergar tanto competiciones locales como grandes citas internacionales.
La prudencia ha marcado el inicio de los trabajos, condicionado por la compleja herencia del proyecto: décadas de retrasos, promesas incumplidas, cambios políticos, crisis empresariales y una larga lista de recursos judiciales interpuestos, principalmente por colectivos ecologistas. Actualmente, hay cuatro procedimientos judiciales abiertos relacionados con distintos elementos del circuito, aunque ninguno de ellos impide legalmente la ejecución de las obras en este momento. El Cabildo, además, ha recurrido las sentencias que cuestionaban la vigencia de los informes de impacto ambiental de varias fases del proyecto.
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El contrato de ejecución fue adjudicado en diciembre de 2023 por un importe de 44,1 millones de euros a una unión de empresas encabezada por Sacyr. La licitación había sido preparada por el gobierno insular anterior, lo que refuerza la continuidad administrativa de una iniciativa que ha sobrevivido a numerosos vaivenes políticos. Para el actual equipo de gobierno (Coalición Canaria y Partido Popular), se trata de una “demanda histórica” de los aficionados al motor, uno de los deportes con mayor número de seguidores en las islas.
El proyecto contempla, además de la pista principal, un paddock de 72.000 m², boxes modulares, graderíos con capacidad para 5.000 espectadores, 24 zonas VIP, zonas de servicios, tiendas, restaurantes, helipuertos, estacionamientos y un circuito de autocross. En total, se estima que el recinto podrá acoger hasta 60.000 personas en eventos de gran magnitud.
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Aunque el silencio institucional ha sido la norma en estos primeros compases, desde el entorno del automovilismo regional se percibe una mezcla de cautela e ilusión. Nadie quiere celebrar antes de tiempo, pero muchos ven en estas obras la posibilidad real de que Canarias cuente, por fin, con una instalación de primer nivel homologada para competiciones nacionales e internacionales. Un circuito que ya cuenta con el respaldo de figuras reconocidas como Carlos Sainz, Carlos Checa o Christine GZ, y que podría situar a Tenerife en el mapa de las grandes citas del mundo del motor.
Mientras tanto, los trabajos continúan avanzando entre los condicionantes medioambientales establecidos por la COTMAC, que exige especial atención a las especies protegidas, a la gestión de aguas y a la posible presencia de bienes patrimoniales en la zona. Solo una resolución judicial firme podría detener ahora unas obras que, al fin, parecen haber arrancado con visos de continuidad.