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Noticia

HIMALAYA 2026 | CAPÍTULO 4: El gran objetivo tendrá que esperar

 

Tras recorrer cientos de kilómetros por la remota región de Ladakh, Enduro Sin Límite alcanza el acceso al puerto de montaña transitable más alto del planeta. Sin embargo, un nuevo contratiempo impedirá culminar el gran reto de esta expedición.

 

Después de varios días atravesando el Himalaya, el equipo de Enduro Sin Límite llegó finalmente a Leh, la capital de Ladakh y punto de partida de la segunda gran fase del viaje.

 

Pero antes de continuar la aventura era necesario superar un trámite imprescindible.

 

Las motocicletas utilizadas hasta ese momento, matriculadas en Delhi, solo podían circular por las carreteras principales que conectan con Ladakh. Para acceder a las zonas más remotas del norte era obligatorio cambiar de montura y obtener una autorización especial para extranjeros, un permiso que únicamente puede expedir la administración local.

 

Lo que debía resolverse en apenas unas horas terminó convirtiéndose en una larga jornada de incertidumbre.

 

Los permisos no llegaron hasta las ocho de la tarde de un sábado, cuando el equipo ya temía tener que permanecer bloqueado durante todo el fin de semana. Finalmente, la documentación llegó a tiempo y la expedición pudo continuar según lo previsto.

 

Capítulo 1: el calor extremo y la llegada al Himalaya.

 

Capítulo 2: el Cliffhanger y el monzón.

 

Capítulo 3: Del gran Himalaya al corazón de Ladakh

 

 

Rumbo al gran objetivo

 

Con las nuevas motocicletas preparadas y toda la documentación en regla, comenzó la ruta hacia el gran desafío del viaje: el Umling La, situado a 5.798 metros de altitud y considerado actualmente el puerto de montaña transitable más alto del planeta.

 

Pero antes de afrontar la ascensión, el equipo decidió recorrer algunos de los espacios naturales más espectaculares de Ladakh.

 

La jornada arrancó siguiendo el curso del joven río Indo, que en esta parte de su recorrido todavía desciende con la fuerza de un torrente de montaña.

 

Durante casi doscientos kilómetros rodaron paralelos a su cauce mientras el paisaje cambiaba de forma constante.

 

 

Un paisaje de otro planeta

 

Poco a poco, el valle comenzó a estrecharse.

 

Las montañas se transformaron en enormes paredes de roca desnuda y los colores del terreno dibujaban un escenario que los expedicionarios describen como "casi lunar".

 

A más de 3.500 metros de altitud, el esfuerzo físico comenzaba a hacerse notar.

 

Conducir de pie sobre las estriberas durante largos periodos resultaba cada vez más complicado debido a la falta de oxígeno, obligando al equipo a alternar continuamente la postura sobre las motocicletas.

 

La ruta abandonó posteriormente el valle del Indo para internarse en el Changthang Wildlife Sanctuary, una de las áreas protegidas más impresionantes del Himalaya indio.

 

Allí aparecieron dos de las grandes joyas naturales del viaje.

 

Primero el Kiagar Tso y, más adelante, el espectacular Tso Moriri, un inmenso lago de aguas turquesas rodeado por montañas que superan ampliamente los seis mil metros de altitud.

 

 

Fauna salvaje entre las montañas

 

El recorrido continuó siempre muy próximo a la frontera con el Tíbet, alternando puertos de montaña, amplias mesetas de altura y profundos valles.

 

Durante estas jornadas, los integrantes de Enduro Sin Límite tuvieron la oportunidad de observar buena parte de la fauna característica de Ladakh.

 

Yaks pastando en libertad, asnos salvajes tibetanos, uriales, gacelas tibetanas y numerosas marmotas acompañaron el camino hacia Hanle, pequeña localidad situada en uno de los lugares más remotos de la región.

 

 

Una frontera bajo vigilancia permanente

 

A medida que avanzaban hacia el norte, el ambiente también cambiaba.

 

La proximidad de la frontera con China hace que esta zona mantenga una enorme presencia militar.

 

Campamentos, convoyes, controles del Ejército y continuos movimientos de vehículos forman parte del paisaje cotidiano de Ladakh.

 

Los propios expedicionarios quedaron sorprendidos por el despliegue de medios existente en toda la región.

 

Precisamente por razones estratégicas, muchas de las antiguas pistas de tierra utilizadas tradicionalmente por los viajeros han sido asfaltadas para facilitar los desplazamientos militares.

 

Una circunstancia que reduce considerablemente las posibilidades de practicar conducción off-road en una zona que, por su geografía, invita precisamente a ello.

 

 

Un pequeño respiro sobre tierra

 

Ya instalados en Hanle, el equipo descargó el equipaje de las motocicletas para afrontar con mayor comodidad la ascensión al Umling La.

 

Antes de iniciar la subida descubrieron una pista sin asfaltar que discurría paralela a la carretera principal.

 

No dudaron en aprovechar la oportunidad.

 

Aunque apenas pudieron recorrer unos veinte kilómetros antes de encontrarse con un nuevo control militar que prohibía continuar, ese breve tramo bastó para disfrutar, por fin, de la conducción sobre tierra que tanto echaban de menos desde el inicio de la expedición.

 

 

El segundo puerto más alto del mundo

 

De regreso a la carretera principal comenzó una ascensión interminable entre curvas de herradura.

 

La estrecha carretera fue ganando altura hasta alcanzar el Photi La, situado a 5.478 metros sobre el nivel del mar, considerado el segundo puerto de montaña transitable más alto del mundo.

 

Tras descender hacia el valle del río Kingdul, el equipo volvió a iniciar la subida definitiva.

 

El gran objetivo estaba ya muy cerca.

 

 

A solo veinte kilómetros del sueño

 

Cuando apenas restaban veinte kilómetros para coronar el Umling La, apareció el último obstáculo.

 

La carretera estaba completamente cerrada por el Ejército.

 

Los militares confirmaron que existían órdenes superiores que impedían temporalmente el acceso y que desconocían cuándo volvería a abrirse el paso.

 

La noticia cayó como un auténtico jarro de agua fría.

 

Después de miles de kilómetros recorridos desde Canarias, innumerables jornadas de conducción, cambios de motocicletas, permisos especiales y un enorme esfuerzo logístico, el gran objetivo de la expedición volvía a escaparse por motivos completamente ajenos al equipo.

 

 

Mucho más que alcanzar una cima

 

La decepción fue inevitable.

 

Sin embargo, mientras emprendían el camino de regreso hacia Hanle, los tres aventureros coincidían en una reflexión.

 

Las montañas de Ladakh, los lagos de alta montaña, la fauna salvaje, los puertos de más de cinco mil metros y los paisajes de una belleza difícil de describir habían convertido el viaje en una experiencia extraordinaria.

 

A veces, la verdadera aventura no consiste únicamente en alcanzar un destino.

 

Consiste en todo lo que ocurre durante el camino.

 

Y ese camino, una vez más, ha merecido la pena.

 

Porque en el Himalaya, igual que sucede en África, la naturaleza, la historia y las circunstancias políticas recuerdan constantemente al viajero quién marca realmente las reglas del juego.

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