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ÁFRICA SÍ O SÍ | 3ª ETAPA – CAPÍTULO 3: Cruzando Nigeria

 

Carreteras imposibles, controles militares y una frontera llena de incertidumbre

 

Antes de abandonar Calabar, los integrantes de Enduro Sin Límite —Javier De Miguel, José G. Mesa y Miguel Amaro— intentaron resolver un problema que empezaba a preocuparles: la comunicación.

 

Viajar por Nigeria sin conexión telefónica podía complicar mucho las cosas si surgía algún imprevisto, por lo que decidieron intentar comprar tarjetas SIM para sus teléfonos. Pero en este país nada es sencillo.

 

Para adquirir una tarjeta es obligatorio contar con un número de registro gubernamental obtenido en un organismo llamado NINCS. Así que se dirigieron a las oficinas correspondientes, a las afueras de la ciudad.

 

Allí comenzó un pequeño calvario burocrático: largas colas bajo un calor sofocante, funcionarios pidiendo “colaboración” económica para agilizar el trámite y requisitos absurdos. Para completar el registro necesitaban un número de teléfono nigeriano… pero sin registro no podían obtener el número.

 

Finalmente lograron encontrar una pequeña trampa administrativa: comprar tarjetas SIM sin activar para obtener un número provisional y usarlo en el proceso de registro.

 

Tras horas de espera, fotografías, huellas dactilares y formularios interminables, la respuesta fue desalentadora:

 

—Vuelvan dentro de una semana para recoger su número.

 

Algo completamente inviable para quienes están cruzando África en moto.

 

Sin conexión y sin otra alternativa, decidieron continuar su ruta hacia el norte.

 

 

El problema de la frontera

 

Su objetivo inmediato era resolver definitivamente el problema de los sellos de entrada y salida entre Nigeria y Camerún, que había quedado pendiente tras el confuso cruce fronterizo del capítulo anterior.

 

Durante el camino se encontraron con numerosos controles militares. En Nigeria son frecuentes: troncos atravesados en la carretera obligan a detenerse mientras los soldados observan el paso de vehículos.

 

Curiosamente, las motos suelen pasar por pequeños senderos laterales sin demasiado control, lo que les permitió avanzar sin demasiados problemas durante gran parte del trayecto.

 

Hasta que, a apenas diez kilómetros de la frontera, fueron detenidos por agentes de inmigración.

 

Tras varias preguntas y comprobaciones, los condujeron al cuartel general de inmigración cercano a la frontera. Allí los recibió el responsable del puesto, que escuchó atentamente su historia.

 

Después de varias llamadas telefónicas, el oficial les aseguró haber encontrado una solución: la frontera con Camerún estaba avisada y les permitirían completar allí los trámites necesarios.

 

Parecía que todo se arreglaría rápidamente.

 

Pero en África, las cosas nunca son tan simples.

 

 

El laberinto burocrático

 

Al llegar al puesto fronterizo camerunés descubrieron que la coordinación entre ambas fronteras no era tan clara como parecía.

 

Tras varios intentos de encontrar la oficina correcta, terminaron localizando la antigua frontera policial, bastante alejada del puesto actual.

 

Allí, con la ayuda de un policía guineano que hablaba español, lograron finalmente obtener el sello de salida de Camerún.

 

La escena no era muy alentadora: en la explanada fronteriza había dos vehículos todoterreno europeos —uno alemán y otro francés— cuyos ocupantes llevaban días esperando para poder continuar su viaje.

 

Afortunadamente, ellos consiguieron resolver el trámite.

 

Pero aún faltaba el paso final: entrar legalmente en Nigeria.

 

De nuevo tuvieron que pasar por inmigración, completar formularios online —algo complicado sin internet ni tarjeta SIM— y tramitar la importación temporal de las motos.

 

Cuando finalmente terminaron, ya era completamente de noche.

 

 

Nigeria de noche

 

Conducir de noche en Nigeria es algo que los viajeros prefieren evitar a toda costa.

 

El tráfico es absolutamente caótico: coches, motos y camiones circulan sin orden aparente, adelantando por cualquier lado y cambiando de carril constantemente.

 

La visibilidad es mínima y la conducción se vuelve extremadamente peligrosa.

 

Tras varias horas lograron alcanzar una ciudad donde encontraron un hotel con conexión a internet y pudieron descansar.

 

 

Cruzar Nigeria

 

El siguiente objetivo era ambicioso: atravesar Nigeria de sur a norte lo más rápido posible.

 

El país no permite demasiadas libertades para explorar rutas secundarias por motivos de seguridad. Además, muchas zonas están afectadas por conflictos armados o por la presencia de grupos como Boko Haram.

 

Intentaron buscar pistas alternativas, pero la densa red de ríos y la falta de infraestructuras lo hacían casi imposible. En muchas aldeas los ríos se cruzan en pequeñas canoas incapaces de transportar motos pesadas.

 

No tuvieron más remedio que continuar por carretera.

 

Las carreteras nigerianas son una experiencia en sí mismas: enormes baches, tráfico constante de camiones y una conducción totalmente anárquica.

 

En las autovías, por ejemplo, es habitual que los vehículos utilicen ambos carriles en cualquier dirección. Si alguien necesita girar y no encuentra un cambio de sentido cercano, simplemente toma el carril contrario.

 

Camiones gigantes circulando de frente en el carril rápido se convirtieron en algo sorprendentemente habitual.

 

 

Controles militares

 

En una ocasión se encontraron con una carretera bloqueada por troncos.

 

Al detenerse para consultar el mapa descubrieron una escena inquietante: una tanqueta militar oculta en una gasolinera abandonada apuntando hacia la carretera.

 

Los soldados, armados y tensos, los retuvieron durante unos minutos mientras comprobaban su documentación.

 

La situación fue incómoda y desagradable, pero finalmente los dejaron continuar.

 

A partir de ese momento decidieron evitar cualquier contacto innecesario con militares.

 

 

Lagos, la gigantesca ciudad africana

 

Tras cientos de kilómetros de conducción intensa, finalmente alcanzaron Lagos, la ciudad más poblada de África con cerca de 18 millones de habitantes.

 

La ciudad les sorprendió.

 

Esperaban caos absoluto, pero encontraron también una cara moderna y cosmopolita, con grandes infraestructuras y un sistema de viaductos sobre el mar que facilita la circulación.

 

Uno de los lugares que más les impresionó fue Makoko, un enorme barrio construido sobre palafitos en una laguna.

 

Allí viven entre 100.000 y 300.000 personas, sin servicios básicos ni infraestructuras. Las casas, construidas sobre pilotes de madera, parecen flotar sobre el agua.

 

Sus habitantes viven principalmente de la pesca y del pequeño comercio.

 

El contraste con los modernos barrios de Lagos es enorme.

 

 

Las motos también sufren

 

Después de tantos kilómetros, las motos comienzan a acusar el desgaste.

 

El amortiguador de Javier hace ruidos preocupantes, el de José ha perdido aceite y funciona prácticamente solo con el muelle, y los baches de las carreteras han castigado duramente toda la mecánica.

 

A esto se suman fallos intermitentes en el arranque que los obligan a desmontar depósitos y revisar la electricidad de las motos.

 

Todo ello resta tiempo de descanso y aumenta el cansancio del equipo.

 

 

Próximo destino: Benín

 

Antes de llegar a Lagos pudieron volver a rodar brevemente por pistas junto al mar, aprovechando algunas obras de carreteras nuevas que dejan caminos de tierra paralelos.

 

Después de tantos kilómetros de asfalto, ese pequeño tramo de tierra fue un auténtico regalo.

 

Ahora el siguiente objetivo es cruzar a Benín, continuar hacia Togo y alcanzar Lomé, donde esperan dejar las motos almacenadas hasta el próximo año.

 

Por si surgiera algún problema logístico, han decidido adelantar su llegada a Lomé para asegurar un lugar seguro donde guardar las motos.

 

 

Nigeria, un país complejo

 

Hace trece años ya atravesaron Nigeria en sentido contrario.

 

Desde entonces el país ha cambiado mucho: nuevas carreteras, autovías y grandes infraestructuras.

 

Pero también sigue siendo un país marcado por enormes desafíos de seguridad.

 

Aun así, los viajeros se quedan con lo más importante:

 

La hospitalidad de su gente.

 

Porque, a pesar de todas las dificultades, los nigerianos siempre han sido amables, acogedores y dispuestos a ayudar.

 

Y eso, en un viaje como este, vale tanto como cualquier carretera.

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