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Iberorruta 2025: Portugal, a ritmo de curvas y amistad05 de Julio de 2025
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Iberorruta 2025, una nueva aventura de AVMotorrutas.
Como cada año impar desde que en 2017 cruzáramos por primera vez el charco, la familia de AVMotorrutas ha vuelto a dar forma a una aventura soñada. Y es que, como decía aquel relato de nuestra primera travesía por la Ruta de la Plata: “una aventura comienza cuando la sueñas; ahora, a soñar de nuevo”. Esta vez, el sueño nos llevó a recorrer el corazón de Portugal, un país que, sobre dos ruedas, te atrapa de verdad.
Portugal, la gran sorpresa motera
Detrás del diseño de esta inolvidable experiencia estuvo, una vez más, Diego, nuestro compañero, amigo y guía incansable. Nadie como él para trazar una ruta que nos hiciera disfrutar de cada kilómetro, cada puerto de montaña, cada pueblo escondido y cada parada cervecera con sabor a camaradería.
Esta edición de la Iberorruta tenía como grandes protagonistas a las míticas N2 y N222, dos carreteras que son auténticas leyendas para cualquier motorista. Y esta vez lo hicimos a lo grande: 16 motos y más de 2.800 kilómetros recorridos por tierras lusas.
Más allá del Algarve y Oporto
Portugal es mucho más que sus postales más conocidas. Es viñedos infinitos, ríos que cruzan valles de ensueño –Duero, Tajo, Guadiana–, montañas solitarias con asfalto perfecto, y pueblos que parecen sacados de un cuento.
Cada mañana comenzaba con la ilusión en los rostros. Diego mantenía la ruta en secreto para que cada curva, cada mirador o cada parada técnica fuese una sorpresa más. Y lo consiguió. Porque Portugal hay que rodarlo para entenderlo.
Eso sí, no todo fue idilio: el precio del combustible fue un aviso para navegantes. En comparación con Huelva, repostar en Portugal suponía hasta 40 céntimos más por litro.
Un equipo rodado
La ruta arrancó en Cádiz, tras una travesía en ferry que esta vez fue más económica y cómoda gracias a Naviera Armas. Allí se unió Ramón (Burgos para nosotros), y juntos comenzamos el viaje con una formación que completaban Diego, Juanje, Manolo y Montse desde Cáceres, además de Alex, Valerio, José María, Guillermo, Juan Manuel, Orlando, Fredy, Suso, Salva, Juan Carlos y quien firma estas líneas.
Las escalas nos llevaron por lugares tan especiales como Cortegana, Manteigas, Lamego, Verín, Chaves, São Pedro do Sul, Évora y Cádiz. Fue una travesía en la que el compañerismo, el respeto mutuo y el buen humor fueron tan protagonistas como las motos.
Porque sí, coordinar 16 motos no es tarea fácil. Pero gracias a la experiencia acumulada y a la implicación de todos, conseguimos mantener el ritmo, no perder la estela de nuestro guía y disfrutar de cada jornada como si fuera la primera.
Rodar en moto te cambia
Lo he dicho antes y lo repito: rodar en moto te cambia. Mejora el pulso, el ánimo y hasta la forma de ver la vida. Y cuando lo haces acompañado de amigos, entre curvas, paisajes y cervezas frías al final del día, el efecto es aún mayor.
Cada vez que regresamos a casa después de una aventura como esta, somos un poco distintos. Un poco mejores. Porque algo se transforma en el alma cuando vives así la carretera.
Como alguien dijo alguna vez –y bien podría ser el lema de esta Iberorruta–: "No sé a dónde iremos a parar al morir, si al cielo o al infierno, de lo que sí estoy totalmente seguro es de que, dondequiera que acabemos, contaremos las mejores historias."
Nosotros ya tenemos una más. Y como siempre… ya estamos soñando con la siguiente.
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