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Noticia

Miquel Silvestre: "Cabo Norte es la última gran aventura europea."

 

Un relato de Eduardo Ruiz, adaptado por Canariasenmoto.com.

 

No todos los días se emprende un viaje de casi 14.000 kilómetros a lomos de una moto. Desde Tenerife hasta Cabo Norte, el punto más septentrional de Europa accesible por carretera, pasando por paisajes épicos, lluvias interminables, túneles submarinos y el sol de medianoche. Eduardo Ruiz y la pareja motera formada por Sonia y Abraham, conocidos como los Per&Kens (VER MÁS VIAJES), decidieron vivir esta aventura sobre dos ruedas, durmiendo bajo las estrellas, improvisando rutas y enfrentando todo tipo de retos con espíritu motero. Este es el relato etapa a etapa de su inolvidable roadtrip.

 

 

Etapa 1: Tenerife – Huelva – Burgos

 

El 13 de junio de 2024, al atardecer, los tres moteros embarcaron en Santa Cruz de Tenerife rumbo a Huelva, en un ferry de Fred. Olsen Express. En el barco, compartieron un camarote para cuatro personas, lo que les permitió disfrutar de las comidas incluidas a bordo y descansar algo antes de la ruta maratoniana que les esperaba. Durante el trayecto marítimo, actuó un mago y el mar estuvo en calma, pero hubo que adaptarse a los horarios peninsulares del barco para no perderse ninguna comida.

 

El 15 de junio, a las 8:00 de la mañana, ya estaban en ruta, con la idea ambiciosa de alcanzar Francia ese mismo día. Aunque no lo lograron, sí llegaron al camping de Fuentes Blancas, en Burgos, después de recorrer casi 900 km por tierra peninsular. Pararon únicamente para repostar, comer y estirar las piernas, demostrando que el espíritu aventurero les acompañaba desde el primer momento.

 

 

Etapa 2: Burgos – Saint-Épain

 

Aún con el sol despuntando, comenzaron a recoger el campamento tras una noche en un camping repleto de gente. Compartieron café con unos vecinos de caravana antes de subirse a las motos y retomar el camino. El primer susto no tardó en llegar: una mochila mal sujeta en la moto de Abraham cayó sobre el escape, derritiéndose y casi provocando una explosión al contener una bombona de butano.

 

La etapa continuó entre lluvia y autopistas francesas de peaje. Alcanzaron el camping Le Bois Fleuri en Touraine ya entrada la noche, bajo un aguacero que no dio tregua. Afortunadamente, pudieron alquilar una cabaña para refugiarse del mal tiempo. Más de 800 km bajo agua, viento y tensión, pero con la satisfacción de seguir sumando kilómetros.

 

 

Etapa 3: Saint-Épain – Roetgen

 

Con las motos aún húmedas por la lluvia de la noche anterior, partieron temprano hacia París. Una parada en una tienda deportiva para reponer equipamiento y la emoción de ver la Torre Eiffel desde sus motos marcaron la jornada. Aunque el tráfico parisino era temido, lograron entrar y salir con relativa fluidez.

 

Tras una breve visita a Bélgica, llegaron a Roetgen (Alemania), donde descubrieron que muchos campings europeos cierran o se quedan sin personal a partir de las 18:00. Acamparon sin poder contactar con nadie y decidieron pagar al día siguiente. Descansaron junto a una tranquila valla con vacas y un entorno bucólico tras recorrer más de 700 kilómetros en una sola jornada.

 

 

Etapa 4: Roetgen – Sakskobing

 

Tras una reparadora noche en tienda, partieron rumbo a Dinamarca. La lluvia les acompañó durante buena parte del día, especialmente tras Bremen. La autopista sin límite de velocidad en Alemania no fue aliada en esta ocasión, ya que el agua impedía avanzar con seguridad.

 

Tras cruzar el puente de Fehmarn, embarcaron en el ferry hacia Rødbyhavn, en Dinamarca. Allí, el paisaje cambió y comenzó una nueva etapa del viaje. Llegaron tarde al camping de Sakskobing y, nuevamente, se vieron obligados a acampar sin personal. La noche trajo más lluvia y el inicio de los ataques de mosquitos, además del fenómeno del sol de medianoche que ya no les abandonaría.

 

 

Etapa 5: Sakskobing – Estocolmo

 

La capital danesa los recibió con cielo gris, mucha bici y… casi ninguna moto. Tras muchas vueltas, lograron dejar las motos cerca de La Sirenita y recorrer a pie Nyhavn y el Kastellet. Después, pusieron rumbo a Suecia cruzando el impresionante puente de Øresund, que combina túnel submarino y viaducto colosal.

 

A lo largo del día sumaron más de 600 km, atravesando paisajes cada vez más escandinavos. El camping cerca de Estocolmo, junto a un lago y rodeado de ciervos, resultó ser uno de los más espectaculares del viaje. Y por fin, encontraron un lugar donde fueron recibidos con una sonrisa… y un código para las duchas.

 

 

Etapa 6: Estocolmo – Nydala

 

La jornada comenzó con calma, disfrutando del entorno. Pronto pusieron rumbo norte, camino del Dragon Gate, una curiosa estructura temática china hoy semi abandonada. En Suecia las motos no pagan peajes, y eso animó aún más el día.

 

Las vallas metálicas “quitamiedos” suecas les llamaron la atención por su peligrosidad aparente. Al llegar a Nydala, ante la previsión de lluvias, alquilaron una cabaña con cocina, donde también aprovecharon para lavar ropa. Las secadoras, como siempre, fueron un bien escaso. Dormirían entre montañas y silencio absoluto.

 

 

Etapa 7: Nydala – Sodankylä

 

Con la ropa ya seca y doblada, los Per&Kens salieron temprano hacia el norte finlandés. Las previsiones meteorológicas se cumplieron, y la lluvia fue protagonista durante gran parte del trayecto. Al mediodía alcanzaron la Casa de Papá Noel, en Rovaniemi, justo en el límite del Círculo Polar Ártico.

 

Allí se sacaron la esperada foto con Santa Claus y cruzaron simbólicamente la línea polar. Empezaban los días sin noches y la auténtica sensación de estar acercándose al Ártico. Los primeros renos pastando junto a la carretera emocionaron al grupo. A última hora lograron alojamiento en una cabaña algo destartalada, pero suficiente para refugiarse de los millones de mosquitos.

 

 

Etapa 8: Sodankylä – Cabo Norte

 

El día amaneció frío y ventoso, pero la ilusión era más fuerte que las inclemencias. Con 427 km por delante, emprendieron la última etapa hacia Nordkapp. En el camino, descubrieron un poblado sami y pararon a calentarse con un chocolate. Los renos eran ya parte del paisaje.

 

Tras cruzar el túnel de casi 5 km que conecta el continente con la isla de Magerøya, accedieron a la recta final hacia el mítico Cabo Norte. Una densa niebla los envolvió al llegar al monumento de la Bola, pero la emoción del logro fue inmensa. Siete días y casi 7.000 km desde Huelva. Cabo Norte era suyo.

 

 

Etapa 9: Cabo Norte – Skibotn

 

No conformes con la llegada del día anterior, madrugaron para regresar al monumento antes de que se instalara el control de acceso. Esta vez, el sol acompañó y pudieron disfrutar del paisaje ártico en todo su esplendor. Un momento íntimo y mágico que quedará grabado en sus retinas.

 

Tras recoger todo en el camping, comenzaron el descenso por Noruega. Atravesaron Alta, visitaron su iglesia y almorzaron en Burfjord. Terminaron el día acampando a la orilla del fiordo de Lyngen, en un camping tranquilo y económico. El paisaje noruego no dejaba de asombrar.

 

 

Etapa 10: Skibotn – Kongsmark (Lofoten)

 

Con el sol siempre presente, salieron rumbo a Tromsø, una de las principales ciudades del norte de Noruega. La lluvia y las obras acompañaron el trayecto, dejando las motos llenas de barro. Tras un paseo por la ciudad y un chocolate caliente, siguieron hacia las Islas Lofoten.

 

El viento y la lluvia les obligaron a refugiarse en un camping junto al lago Storvatnet, en un valle protegido. Un lugar de ensueño, rodeado de montañas nevadas, donde finalmente montaron las tiendas bajo una ligera lluvia y disfrutaron de una noche tranquila.

 

 

Etapa 11: Kongsmark (día de descanso)

 

El mal tiempo les hizo replantearse el plan. Decidieron quedarse un día más en el camping para evitar los vientos huracanados anunciados. Por suerte, una cabaña se liberó y pudieron mudarse a un alojamiento más confortable.

 

El día fue de descanso, algo de trabajo remoto y paseos breves bajo una lluvia persistente. La decisión les permitió conservar fuerzas y esperar mejores condiciones para disfrutar de las Lofoten.

 

 

Etapa 12: Kongsmark – Saltstraumen

 

Por fin el cielo se despejó, y con él llegaron paisajes impresionantes. Carreteras solitarias, cascadas, fiordos y pueblos pesqueros marcaron una de las rutas más bellas del viaje. Una parada en Svolvær para aprovisionarse y un susto con un retén roto en la suspensión de la moto de Eduardo añadieron emoción.

 

Gracias a la ayuda local y al consejo remoto de su mecánico en Tenerife, pudieron continuar hasta Moskenes para tomar el ferry a Bodø. El mar estaba en calma y el sol de medianoche los acompañó durante toda la travesía. Noche en cabaña junto a Saltstraumen, hogar de los remolinos más poderosos del mundo.

 

 

Etapa 13: Saltstraumen – Grong

 

El día comenzó con una visita a los remolinos de Saltstraumen, aunque en ese momento no estaban en su punto máximo. Aun así, cruzar el impresionante puente sobre el fiordo fue toda una experiencia. La ruta por la E6 hacia el sur les regaló paisajes verdes, bosques frondosos y pequeños ríos cruzados por puentes de madera. En uno de estos, Abraham se animó incluso a cruzar con la moto.

 

Uno de los momentos más simbólicos fue el paso por el Arctic Circle Center, donde dejaron una pegatina de su grupo y se tomaron fotos cruzando de nuevo la línea del Círculo Polar Ártico, esta vez hacia el sur. En Mo i Rana compraron víveres para los días siguientes y, tras cruzar varios lagos tan calmados como espejos, acamparon en un camping automatizado de Grong, donde todo se gestionaba mediante una máquina. Comodidad y eficiencia noruega en estado puro.

 

 

Etapa 14: Grong – Trollstigen

 

Aunque su intención era recorrer la famosa carretera del Trollstigen, se encontraron con que un desprendimiento la había cerrado temporalmente. A pesar de ello, no se dieron por vencidos y pusieron rumbo a la Atlantic Ocean Road, una de las rutas más espectaculares del país. Sus puentes curvos sobre el mar les hicieron sentir que rodaban sobre el agua.

 

Visitaron la ciudad de Trondheim bajo la lluvia, donde destacaron su catedral y el puente antiguo. Al llegar al área del Trollstigen Resort, aunque no pudieron completar la mítica carretera, sí disfrutaron de sus paisajes y del entorno de trolls en el que se sumergieron, comprando recuerdos y fotografiándose con el emblemático troll motero. Noche en una de las mejores cabañas del viaje.

 

 

Etapa 15: Trollstigen – Luster

 

La siguiente parada fue el fiordo de Geiranger, al que llegaron tras rodear más de 140 kilómetros por el cierre del Trollstigen y tomar un ferry. Desde sus miradores hasta la cima del Dalsnibba, todo el paisaje fue de postal, nevado y majestuoso. La emoción crecía en cada curva.

 

Luego descendieron por valles glaciares hasta Lom, donde visitaron su iglesia vikinga del siglo XII, una joya histórica. Continuaron por la Sognefjellsvegen, la carretera más alta del norte de Europa, con paisajes nevados y lagos congelados, hasta llegar al camping de Luster, a orillas del profundo fiordo de Dalsfjorden. Allí, la cabaña con terraza les regaló un atardecer inolvidable.

 

 

Etapa 16: Luster – Gjermundshamn

 

Tomándose la mañana con más calma, emprendieron la marcha hacia la iglesia vikinga de Borgund, una de las mejor conservadas del país. Luego cruzaron el túnel de Laerdal, el más largo del mundo con 24,5 km. Cada cierto tramo, zonas iluminadas en colores rompían la monotonía del asfalto subterráneo.

 

En Bergen disfrutaron del mercado del pescado y de las calles de madera del Bryggen. Al atardecer, pusieron rumbo al sur, pero la mala sincronización con los ferrys les obligó a improvisar una acampada libre junto al puerto. Noche tranquila a la espera del primer barco de la mañana.

 

 

Etapa 17: Gjermundshamn – Preikestolen

 

Tras cruzar el fiordo por la mañana, pasaron por Odda, escenario de la serie "Ragnarok". Las cascadas de Latefossen y Langfossen, ambas en todo su esplendor tras días de lluvia, los dejaron sin palabras. En Stavanger visitaron el monumento de las Tres Espadas y almorzaron junto a la playa.

 

Llegaron al camping de Preikestolen a media tarde. Montaron las tiendas, tomaron un chocolate y se animaron a subir hasta el famoso Púlpito, pese a la niebla creciente. Aunque no pudieron ver el fiordo desde la cima, la experiencia fue sobrecogedora. Tan solo cuatro personas compartieron con ellos aquel mágico lugar.

 

 

Etapa 18: Preikestolen – Kristiansand

 

Al día siguiente, con tiempo suficiente antes del ferry, decidieron desviarse hasta la ruta de Lysebotn, una carretera de 27 curvas cerradas que desciende más de 1000 metros. Un desafío técnico, emocionante y con vistas espectaculares. Al llegar al puerto, charlaron con una española que les habló sobre la vida rural en Noruega.

 

En Kristiansand, ya en plena temporada alta, sólo encontraron lugar en el Roligheden Camping tras negociar con los encargados. Una última noche noruega marcada por la satisfacción de haberlo dado todo… y un poco de nostalgia por dejar atrás un país que los había marcado profundamente.

 

 

Etapa 19: Kristiansand – Hamburgo

 

El ferry hasta Dinamarca fue rápido y sin incidencias. Tras desembarcar, cruzaron todo el país de norte a sur hasta llegar a Alemania. Pararon en Randers y Vejle, donde buscaron recuerdos y descansaron. En el camping de Hamburgo, una anécdota con la lavadora y la falta de monedas les dio una de las risas del viaje.

 

Aunque la lluvia amenazaba, lograron secar la ropa y dormir en cabañas dobles. Alemania les recibía con cielos grises y las primeras señales del retorno a casa.

 

 

Etapa 20: Hamburgo – Kinderdijk

 

Un accidente en la autopista les retrasó varias horas. Aun así, lograron llegar a tiempo para ver los icónicos molinos de Kinderdijk, en los Países Bajos, justo al atardecer. Un escenario de cuento para una jornada agotadora.

 

Acamparon en un curioso camping con alojamientos experimentales. Eduardo durmió en una especie de cúpula semitransparente que, con la luz interior, atrajo a todos los bichos de la zona. Una noche surrealista que se sumó a las anécdotas inolvidables del viaje.

 

 

Etapa 21: Kinderdijk – Normandía

 

Bélgica los recibió con banderas tricolores ondeando por todas partes. Cruzaron Amberes y se dirigieron a Brujas, donde pasaron varias horas descubriendo sus canales y arquitectura medieval. La tarde avanzó entre carreteras secundarias y campos verdes hasta alcanzar Normandía.

 

Visitaron la playa de Omaha, escenario del desembarco del Día D, donde el peso de la historia se hace tangible. Acamparon cerca de la costa, en un camping rodeado de referencias a la Segunda Guerra Mundial. Una jornada intensa, emotiva y llena de reflexión.

 

 

Etapa 22: Normandía – Labouheyre

 

Tras visitar el Cementerio Americano a primera hora y emocionarse con su exposición, decidieron no detenerse en el Monte Saint Michel por cuestiones de seguridad. En lugar de eso, tomaron rumbo sur para cubrir más de 800 km hasta Labouheyre, casi sin parar.

 

La Pan European de Eduardo alcanzó los 100.000 km durante esta etapa. Una cifra simbólica para un viaje lleno de hitos. Esa noche, acamparon en un camping junto a la autopista, completamente vacío, y celebraron en soledad lo vivido hasta ese momento.

 

 

Etapa 23: Labouheyre – Huelva

 

Última etapa, dividida en dos días. Desde el País Vasco hasta Cáceres y, finalmente, hasta Huelva. El calor comenzaba a apretar y los cuerpos acusaban el cansancio acumulado, pero la ilusión por completar la travesía les mantenía firmes.

 

En Cáceres, se regalaron una tarde de piscina en el camping. El 8 de julio, embarcaron rumbo a Canarias. Desde la cubierta del ferry, Eduardo reflexionó sobre el viaje: "No esperes el momento perfecto. Súbete a la moto y hazlo realidad". Cabo Norte quedaba atrás, pero la aventura ya formaba parte de sus vidas para siempre.

 
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