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Noticia

Año 1976. Con 15 añitos, una conciencia de barrio obrero, y un futuro a la vista, el primer pensamiento para un chaval de medianías, currante, era solucionar el problema de la movilidad, la autonomía y la libertad...

 

Por ello todos los de la periferia, soñábamos con la edad de la moto, todos tenían moto. No teníamos ni para vestirnos, ni las necesidades básicas cubiertas. Pero la moto era el primer regalo de joven en edad de volar... Y así sucedió a lo largo de más de 40 años en mi barrio.

 

Mi hermano Tavo, había conseguido su tan ansiada moto. Una Puch Minicross de 50cc, que muy pronto fué repasada a 74 sport, con tubarro y lima gorda. 

 

Era mi moto, la que yo heredaría, y como tal ya pensaba en como mejorarla, cambiar el diseño. En fin, aplicar mis dotes creativos para cuando mía fuera.

 

Estuve cerca tres años en lista espera y el Puch, ya tenía fatigas de leña y maltrato físico. Hasta que una tarde apareció mi hermano, con un escarabajo que había adquirido en trapicheo, antes de sacarse el carnet de conducir.

 

Me alegre mucho de saber que lo que quedaba de la herencia, pasaba a mí. ¡Por fin! Comenzé a darle lija y brillo aquel "Puchi". A rodar más allá de los límites geográficos de mi conciencia, a descubrir mundos desde la mirada de mis hombros juveniles.

 

Pronto enarbolé la bandera de la revolución motorizada. Y una corte de pequeños y jovenes motoristas me siguieron a descubrir fronteras. La isla era el mundo y nuestra osadía una libertad aventurera, no expensas de riesgos.

 

En dos años que la tuve, le cambié tres veces el color y el diseño, le puse tres pistones y varios tubarros y me di unas cuantas galletas, por buscarlas.

 

Recuerdo mi primera excursión organizada, allá por el año 1978. Junté cerca de treinta licencias municipales, en una salida de tarde a unas fiestas de  Melenara. Donde acabamos disueltos por broncas de juventudes y bandos locales.

 

¡Qué atrevidos que éramos! Había tantos cambios sociales que abanderamos el inconformismo permanente. Y las motos fueron nuestras aliadas máquinas de la libertad.

 

Los cascos no se usaban y pocos amigos se mataron a pesar de los disparates y leñazos que se daban... Increíbles años setenta y ochenta. ¡Pura revolución!

 

Feli Santana

 
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