
22 de Junio de 2026
El resurgimiento de las Road Races en Canarias.
Parece que el regreso de las subidas en cuesta para motos comienza a sonar a escaparate perfecto ante la necesidad de circuitos. En el caso de Tenerife, esta demanda tan acuciada rompió el hechizo de una leyenda negra y, tras la iniciativa de Barlovento, se comenzó a seleccionar el mejor trazado para un nuevo espectáculo. Se constató así que es posible mantener una serie de pruebas con buen rigor organizativo.
La última subida a San Miguel de Abona se celebró hace más de cuarenta años, cuando el olvido y la mala suerte dejaron una sentencia en un mal día, con la desaparición de un ídolo de las carreras de Tenerife: Óscar González. Aquella herida selló muchos años de sequía en las carreras de asfalto y reforzó la imperativa necesidad de encontrar una respuesta ante la nula solución a la eterna lucha por un circuito. Una deuda que se hacía de rogar y que ahora rompe una lanza para recuperar esta modalidad.
Si bien es cierto que se hicieron varios intentos con tres pruebas posteriores, compartiendo escenario con los coches en aquellos famosos años ochenta de revolución velocista, la especialidad quedó atrapada durante demasiado tiempo en la memoria.
La bandera de la Federación Canaria de Motociclismo, junto a la Interinsular de Tenerife, arropó el buen hacer de un clásico en las organizaciones deportivas como ha sido siempre el Moto Club Abona, con José Luis al frente. Esta apuesta se consolida con el apoyo del Ayuntamiento de San Miguel de Abona, que cumple a gran nivel con el motociclismo en la isla y devuelve una identidad sureña de renombre y una leyenda permanente para el motociclismo canario.
En la competición, un buen número de motos de nuevas generaciones y moderna factura tecnológica se presentaron en la línea de salida. A ellas se sumaron unos pocos clásicos Viejas Glorias, con ganas de poner la nota romántica, como Koke y Germán.
Germán González (BMW) y Jorge Gómez (Ducati), el encanto eterno de las clásicas
El ambiente fue magnífico. Una rampa donde la gente se apostó desde la noche anterior en casetas para no perder sus miradores ni el desarrollo de la prueba.
La organización brilló a gran nivel, con carpas para los equipos, hidratación en la salida y en la llegada, además de normas básicas de seguridad. Reconocimientos y diplomas avalaron la cita, que promete entrar en el calendario de esta modalidad recuperada del olvido.
Donde a falta de circuitos, buenas son las rampas.
Tenerife tiene una deuda histórica con el motociclismo de velocidad, y parece que los visos van por el mejor camino para sacar a la luz el tan esperado y deseado circuito.
Fue un día fantástico de carreras, donde los pilotos disfrutaron de la rampa de Abona como en los viejos tiempos. Esperamos que esta nueva iniciativa, avalada por las entidades federativas y públicas, encuentre el mejor respaldo para la afición y los pilotos, cuidando siempre la seguridad y alejando las estadísticas nefastas de la carretera.
Mientras se define el arranque del tan ansiado Circuito de Tenerife, las rampas vuelven a abrir una puerta de esperanza para el motociclismo de velocidad.