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Tendencias y millennials, aparecen nuevas formas de descubrir la moto

06 de Diciembre de 2017

Tendencias y millennials, aparecen nuevas formas de descubrir la moto

Coincidiendo con la celebración del 25º aniversario del Viejas Glorias escribí este artículo que habla de las nuevas formas de acceder al universo de las dos ruedas motorizadas...

 

1992, el año que vio nacer el Viejas Glorias Canarias, fue el año en el que España se desperezaba definitivamente de la siesta y se abría a la modernidad de la mano de eventos con gran repercusión mundial como la Expo´92 de Sevilla o los Juegos Olímpicos de Barcelona. Un año en el que Wayne Rainey ganaba el mundial de 500cc a Mick Doohan por tan sólo 4 puntos, a pesar de las seis victorias del australiano. El primer español, Joan Garriga, fue séptimo con menos de la mitad de puntos, y Alex Crivillé lograba su primera victoria de 500 en Assen. Luca Cadalora se hacía  con el título de 250cc y Alexandro Gramigni con el de 125cc.

 

El Barcelona FC conquistaba en 1992 su primera Copa de Europa en Wembley, vestidos de naranja. Le dimos la bienvenida al AVE y los telediarios abrían las noticias con trágicas informaciones como el inicio de la guerra de Bosnia-Herzegovina, el cerco de Sarajevo o el asesinato de las tres niñas desaparecidas en Alcasser. En las emisoras de radio sonaba el "The Show Must Go On" de Queen y el "Una Rosa Es Una Rosa" de Mecano. Melrose Place y Twin Peaks eran las series de moda en la tele, y El Guardaespaldas, con la inolvidable voz de Whitney Houston, o Instinto Básico, con el sugerente cruce de piernas de Sharon Stone, fueron las películas más taquilleras en los cines.

 

En aquel mítico año, las deportivas eran las motos con mayor aceptación del mercado. Desde las motos de iniciación, que ya quisieran para sí los actuales poseedores del carnet A2, a la flamante deportiva que ese año presentó Honda y que llevaba pintado a brochazos sobre el depósito las siglas CBR900RR. Los jóvenes osados disfrutaban de motos como la Yamaha TZR 125 (26CV y 104 kilos), Aprilia AF1 125 (29 CV y 120 kilos), Honda NS125R  (31 CV y 127 kilos), Gilera SP01 125 (35CV y 132 kilos), Suzuki RG 125 Gamma (33 CV y 123 kilos) o la Cagiva Mito II (34 CV y 117 kilos). Todas ellas pequeñas deportivas radicales de dos tiempos con muchas vibraciones y poco rango de revoluciones aprovechable, que servían de perfecta escuela para lo que estaba por venir en cilindradas mayores.

 

 

Y aunque había motos más lógicas como las gamas Diversion o TDM de Yamaha, las RF600 de Suzuki o las perennes Bóxer de BMW, el paso siguiente era optar por las deportivas japonesas de la época, como la CBR600 o las recién estrenadas Suzuki GSXR750 o Kawasaki ZXR. Motos en las que predominaban la ligereza, la agilidad y la agresividad. Eran tiempos en los que nombres como Fireblade, Exup o Ninja encandilaban a una generación de motoristas. Servidor, con veintipico primaveras, recuerda como si fuera ayer el tremendo éxito que fueron muchísimos de los modelos deportivos de Yamaha, Honda, Suzuki, Kawasaki o las renovadas Ducati.

 

Pero los tiempos han cambiado, ¡y de qué manera! La legislación ha encorsetado el disfrute de la moto y la nueva normativa relativa a permisos de conducir ha reestructurado por completo el acceso a las motos grandes. Tampoco se ven ya en las calles a grupos de niños haciendo diabluras en bici hasta que un grito por la ventana les avisaba de que era hora de recogerse. Esa escuela, ese vivero de futuros motoristas ha desaparecido, lamentablemente, para siempre. El olor a gasolina y goma quemada ya no es lo que despierta los sentidos de los que se sienten atraídos por el mundo de la moto. Los “millennials”, los jóvenes que han crecido en el nuevo milenio rodeados de los estímulos que generan las pantallas de TFT no ven en la moto ese símbolo de libertad; para ellos es más importante tener el último Smartphone que una moto que les apeé de la guagua.

 

 

Conscientes de este fenómeno, las marcas buscan nuevas ideas para atraer a los “millennials” a este estilo de vida. Para seducir a esos clientes más preocupados por la estética que por la mecánica, las marcas sacan al mercado motos de aspecto “modern-retro” y las envuelven en un movimiento cultural que, ahora sí, comienza a tener adeptos entre quienes puede que sean la tabla de salvación del sector de la moto, porque quienes la han mamado desde pequeños, están más cerca de una reparación de cadera que del reemplazo de su Vieja Gloria. Aunque parezca anacrónico, en un mundo en el que todo va cada día más rápido, son muchos los que se inician en el mundo de la moto buscando estilo, tranquilidad y sensaciones.

 

Las motos retro proliferan en un mercado al alza porque el espíritu clásico está siendo un argumento sólido de compra para los nuevos acólitos de Brando o McQueen, que deben afrontar un estilo de conducción a la antigua y transformarse en “piloto” para sacarles todo el partido a sus nuevas “Modern-Classic”. Conjugando moda y estilo retro en un paquete inequívoco, los “millennials” disponen ahora de muchas candidatas que aportan la tecnología actual a sensaciones de antaño. Frenos de disco eficaces, horquillas más firmes que ni tiemblan ni se hunden, arranques eléctricos, neumáticos consistentes. Scrambler, Classic, Café Racer, Bobber son modelos que cobran cada vez mayor protagonismo en los catálogos de las marcas, europeas y norteamericanas, en mayor medida, pero secundadas cada vez más por la marcas japonesas.

 

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