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Prueba Triumph Bonneville Bobber, mucho más que un ejercicio estético

11 de Marzo de 2017

Prueba Triumph Bonneville Bobber, mucho más que un ejercicio estético

La sugerente y elegante Bobber es el nuevo miembro de la familia Bonneville, una gama de motos que encajan a la perfección en el actual renacimiento de ese culto por las motos con aire clásico que Triumph ha sabido asimilar con extraordinario acierto  y con su inconfundible carácter británico.

 

Nueva Triumph Bonneville Bobber.- Desde 13.100€

 

Su nombre resulta evocador y nos mete de lleno en el nacimiento de aquellas motos, surgidas del ingenio y de la falta de alternativas, que hicieron la delicia de los jóvenes norteamericanos a mediados del pasado siglo. Y es que tras la Segunda Guerra Mundial y debido a la escasez de motos en los comercios habituales, los apasionados por las dos ruedas optaron por eliminar todo lo superfluo de los modelos militares, alumbrando así un nuevo concepto de moto bautizado como Bobber.

 

Triumph, sabiendo interpretar perfectamente aquel concepto, dotándole de su propio toque de buen gusto y sin perder la reconocible estampa de la familia “modern classic”, anticipaba en 2014 (prototipo Triumph TFC-1) y presentaba a finales del pasado año, un modelo que ha conseguido atrapar a un público de forma tal que ha roto las expectativas que la marca había calculado.

 

 

Con la experiencia que conlleva tener en el mercado el mayor catálogo de motos neoclásicas, el fabricante británico se ha querido lucir con un modelo tan personal como atractivo, tecnológicamente avanzado, monoplaza y concebido para hacer las delicias de los puristas que no quieren compartir su placer más que con esa sombra que les acompaña perpetua e infatigablemente dibujando un perfil único y efímero.

 

Tomando como base uno de los mejores modelos de su catálogo “modern classic”, la nueva Bonneville T120, Triumph ha llevado a cabo una transformación que, la mires por donde la mires, te magnetizará. Un trabajo de diseño y desarrollo que respeta al máximo el concepto minimalista de este tipo de motos. Desde el exquisito asiento monoplaza al manillar, recto y ancho, con los espejos en los extremos, todo está creado para convencer a aquellos amantes de la exquisita sobriedad sobre dos ruedas.

 

Otro de los aspectos más reconocibles de la Bobber es su basculante trasero. Genialmente resuelto, a simple vista parece carecer de suspensión trasera al modo “hardtrail”, pero incluye un amortiguador Kayaba que se esconde debajo del sillón y que cuenta con 77mm de progresivo recorrido gracias a un sistema de bieletas, también parcialmente oculto. El guardabarros, de chapa, estrecho y anclado al basculante, oscila con los movimientos de la rueda trasera, ofreciendo en marcha una inconfundible silueta dinámica. Lástima que motos como ésta tengan que llevar ese artefacto llamado matrícula.

 

 

Con su aspecto sólido y su aroma clásico, la Bobber seduce desde que le echas el primer vistazo. Negro y cromo. Metal. Llantas de radios. Doble escape de acero inoxidable pulido paralelo, buscando rozar el asfalto. Guardabarros de chapa. Fuelles en la horquilla. Llave de contacto en el lateral. Faro pequeño y redondo. Instrumentación compactada en una sólo esfera. El encanto de las cosas sencillas, se manifiesta en todos los apartados de esta moto. Como ejemplos, el emblema en bronce o el basculante completamente negro que dejan notar el empeño de la marca por darle un toque personal.

 

Como ya nos tiene acostumbrados la icónica firma británica, la calidad de sus acabados es excelente. Basta echarle un vistazo al asiento, con base de aluminio cepillado y espuma recubierta con intrincadas costuras, tan bonito como confortable. Y además es regulable, hacia delante y detrás en un rango de 30 mm. También es regulable el cuadro de instrumentos, en inclinación para adaptarse a tu visión, y las manetas de freno y embrague para satisfacer a los que tenemos las manos de un tamaño fuera de lo normal.

 

Al igual que el resto de la gama “modern classic” de Triupmh, el acento clásico de desecha en aspectos claves como el funcionamiento dinámico y la seguridad activa. Por eso, la Bobber cuenta con dos modos de conducción (Road y Rain), un sistema de control tracción que puede ser desconectado, embrague anti rebote, ABS de serie e iluminación LED. Y, en cuanto al cuadro de instrumentos, de una sola esfera, ofrece toda la información necesaria -rpm, nivel de combustible, marcha engranada, doble trip, reloj y demás parámetros- para que el piloto pueda sentirse completamente relajado a sus mandos.

 

 

El sólido chasis de la T120, debidamente modificado para dar cabida a la nueva suspensión trasera de la Bobber, equipa una horquilla de la firma Kayaba y protegida de piedras, salitre e insectos por un par de prácticos fuelles. Para aligerar visualmente la parte delantera se monta una llanta de 19 pulgadas (100/90-19) con mucha luz, y detrás monta una llanta de 16” que alberga un neumático de 150/80-16. Los neumáticos, unos Avon Cobra AV71/72 -radial detrás- están especialmente diseñados para esta moto y cuentan con una carcasa que flexa para ayudar a la suspensión con los 228 kilos de la moto, más los que pese su piloto.

 

Para propulsar la Bobber se ha empleado el motor High Torque de 1.197cc originario de la Triumph T120 Bonneville, (refrigerado por agua, con culata de cuatro válvulas y cigüeñal calado a 270º), adaptado a la Bobber para apoyar su sorprendente manejabilidad. Se mantienen los dos cuerpos de inyección Keihin, como siempre disfrazados como si fueran carburadores, aunque se ha añadido un nuevo sistema de admisión con doble airbox, buscando conseguir una curva de par ultra-plana en cualquier régimen. 77CV que desbocan su brío por un doble escape de acero pulido cuyo sonido está en consonancia con el resto de la moto; tan contundente como sobrio y elegante. Y respecto al consumo, la Bobber se conforma con poco más de 4 litros cada 100 kilómetros a ritmo normal. Si tu ritmo es más alto de la habitual, tendrás que ser consciente de que en su depósito no entran más de 9,1 litros.

 

Según declara el fabricante, esta nueva configuración de su bicilíndrico alcanza un par de 103 Nm a solo 3.000 rpm cuando el máximo es de 106 Nm 1.000 rpm más arriba. Para comparar con su hermana T120, a 4.500 rpm el par es un 10% superior en la Bobber, y el corte de su sistema de acelerador electrónico se sitúa a 7.000 rpm, momento en el que ya cae hasta los 76 Nm.

 

 

Asiento monoplaza. Nada que ver con el de la Vespino de mi padre con la que hice mis primeros pinitos, pero que también era monoplaza. La comparación es aberrante, pero los recuerdos son los recuerdos. Bueno, centrados de nuevo en la Bobber, la posición de conducción es cómoda. Más natural de lo que imaginaba. El manillar, plano y ancho, te hace inclinarte hacia delante, ligeramente. Las estriberas, más retrasadas de lo que esperas, consiguen que te sientas encajado en una acertada posición de conducción. Pero, antes de ponernos en marcha, una duda crece en nuestra cabeza, ¿será efectivo este concepto de moto, o se quedará sólo en un ejercicio de diseño?

 

Pues os podemos decir que bajo ese aspecto tan radical, la Bobber ofrece al conductor un comportamiento dinámico muy divertido. A los mandos, llegas con los dos pies al suelo para moverla con facilidad. Y cuando las ruedas comienzan a girar, descubrimos que la nueva integrante de la familia Bonneville es muy agradable de llevar. Unas geometrías poco comunes en este tipo de moto -lanzamiento de 25,8º y avance de 87,9 mm- consiguen agilizar esos cambios de dirección para que, a pesar de los doscientos treinta y pico kilos -con gasolina- y los más de 1.500mm de distancia entre ejes, la Bobber se sienta feliz en zonas de curvas. Igualmente acertada ha sido la elección de las medidas de sus llantas y neumáticos, sobre todo el delantero que, gracias a su estrecha huella, permite una conducción más ligera e intuitiva.

 

El retocado bicilíndrico de la T120 encaja a la perfección en la filosofía de la Bobber. Su cigüeñal, más pesado, consigue un empuje más constante en cualquier régimen y es una delicia jugar entre curvas dejándote impulsar por el contundente par motor que encuentras entre las 2.000 y 3.000 rpm. La ausencia de inflexiones a lo largo de toda la gama describe perfectamente el trabajo realizado por Triumph para extraer lo mejor de los 77CV de su 1.200cc en el momento más oportuno y con un sonido que te hace sentirte poderoso. ¿Invadimos Polonia?

 

 

Bajo un sol “que raja las piedras” no tenía mucho sentido probar el modo “rain” que entrega los mismos 77CV pero de forma aún más suave. Optamos por el modo “road” para disfrutar de la inmediatez de su acelerador “ride-by-wire” que conecta tu mente con la rueda trasera cual cable de fibra óptica. El embrague, regulable en distancia, y la caja de cambios, precisa y exquisita, nos invitan a sacarle todo el partido a un motor que da lo mejor de sí mismo antes de las 6.000rpm. Y tiene mucho para dar. Si no fuera por el acertado control de tracción vería derrapar en más de una ocasión su elegante zaga. Y es que darle al gas y sentir y escuchar la respuesta de su poderoso motor es algo que emociona.

 

Dado que las carreteras son fintas y tienen curvas, aunque sea una moto tan fiel a tus deseos que lo permite casi todo, llegado el momento de reducir la velocidad hay que confiar en su único disco frontal de 310 mm con pinza Nissin de doble pistón, algo escaso para una moto que pesa 228 kg en seco. Sí, su diseño es más limpio y con esta moto no irás a saco permanentemente, pero algo más de potencia delante no estaría de más. Sin embargo, hemos de ser sinceros en este detalle y decir que la solución la teníamos al alcance de nuestro pié. Un efectivo disco trasero de 255mm, que junto a un embrague anti rebote, consiguen mejorar de forma evidente el comportamiento en situaciones apuradas.

 

Las suspensiones, que no disponen de regulación pero que cuentan con la ayuda de unos neumáticos deformables, ofrecen un comportamiento impecable y, siempre que no hagamos el cafre, conseguiremos una conducción sin ningún extraño, siempre por la línea marcada por nuestra mente, sin que la Bobber quiera irse hacia el exterior de la curva, como ocurre en muchas custom. En el comportamiento dinámico se parece más al de una naked clásica que al de una custom. Llegado el momento de dar por finalizada la prueba, supe el porqué del revuelo que la Bobber ha causado a nivel mundial. Es una moto que te hace sonreír, que se comporta de modo sorprendente para una moto de su clase y que es increíblemente fácil de utilizar. ¡Para que te lo creas tendrás que probarla!

 

 

En el mercado actual no hay ninguna moto igual a esta original Bobber

 

El último capricho de la firma de Hinckley no sólo es que sea una exquisita creación, funciona realmente bien y es muy divertida de llevar. Gracias a su bajo centro de gravedad, a las acertadas geometrías y a un reparto de pesos equilibrado, la Triumph Bobber se muestra en carretera mucho más ágil que la mayoría de custom deportivas del mercado. Su contundente motor y unas suspensiones que trabajan muy bien y no ofrecen reacciones secas, regala al piloto un comportamiento “sport” que sorprende bajo esa apariencia de “cruiser” elegante y tranquila.

 

Una moto que apunta al centro de la diana de los amantes de las customizaciones, que tendrán a su disposición más de 150 accesorios del catálogo oficial de la marca, algunos de los cuales se pueden adquirir en dos kits bautizados como «Old School» y «Quarter Mille». El primero acrecienta el aspecto Bobber del modelo, incluyendo un manillar de tipo «cuelga monos», y el segundo la convierte en una moto más radical y deportiva, emulando a dragsters que participan en pruebas de aceleración.

 

Aprovecha la oportunidad que te brinda Triumph Canarias para probar su nueva Bobber… ¡Pide cita y lúcete!

 

Prueba realizada por el equipo de Canariasenmoto

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