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Prueba Harley-Davidson Fat Bob 2018, sobran los motivos

17 de Diciembre de 2017

Prueba Harley-Davidson Fat Bob 2018, sobran los motivos

Desde luego que sobran los motivos para enamorarse de una moto como la nueva Fat Bob de Harley-Davidson. Una moto emocionante, irreverente y descarada que sorprende por sus prestaciones y por los acabados de una moto hecha para conquistar el corazón de todos aquellos que siempre soñaron con una chica de Milwaukee que moviera sus caderas con soltura.

 

En 2018, la marca norteamericana ha abordado la profunda renovación de su gama Softail con modificaciones sustanciales en el chasis que se reflejan en una mejor dinámica y una considerable reducción de peso, con suspensiones más consistentes y con una nueva gama de motores Milwaukee-Eight 107 y 114 Big Twin más potentes y ecológicos. En nuestro caso, Gubra -concesionario oficial Harley-Davidson para toda Canarias- nos ofreció probar la nueva Fat Bob equipada con el motor de 114 pulgadas cúbicas, es decir, casi 1.900cc.

 

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En primer cambio importante de esta nueva Fat Bob, mezcla de descaro y elegancia, es que abandona la familia Dyna para pasar a incorporarse a la gama Softail de Harley-Davidson. De la antigua Fat Bob sólo queda el nombre. Es una moto completamente nueva que ahora forma parte de las motos de falso chasis rígido. Desde la nueva horquilla invertida al nuevo basculante, todo es nuevo y ha sido desarrollado con el objetivo de mejorar el comportamiento dinámico de una moto que ahora se mueve mejor en curvas -ganando inclinación en las zonas reviradas- y con una considerable disminución de peso, 17 kilos para ser exacto.

 

El kit de la cuestión está en el amortiguador trasero, de aspecto “hardtrail”, que va alojado bajo el asiento y con posibilidad de regulación desde un pomo exterior. El muelle trabaja por compresión y tiene mayor recorrido que el doble amortiguador exterior anterior. La rigidez del chasis aumenta un 35% ya que tiene menos secciones y por lo tanto menos soldaduras. Algo que se nota bastante en cuanto te pones en marcha. No encuentras movimientos extraños en ningún momento, y eso que el ritmo que permite la nueva Fat Bob es considerable. La horquilla invertida de 43mm también ha sido mejorada en consonancia con el resto del chasis, adoptando las mejoras empleadas en la gama touring, con doble válvula flexible, lo que garantiza su eficiencia al incrementar el ritmo.

 

 

Los motores de la nueva Fat Bob, ya sea el 107 o el 114, como es nuestro caso, se denominan Milwaukee-Eight. Contundentes y poderosos bicilíndricos V-Twin a 45º, con un sistema de eje de balance interno refinado para reducir las vibraciones y anclados directamente el nuevo chasis Softail. El par motor que arroja es sorprendente para un par de “pistonazos” de 102mm de diámetro y una carreta de 114mm, que se eleva hasta los 155 Nm. Más que de sobra para que el asfalto tiemble a cada golpe de gas y tu cabeza parezca que se va a arrancar del cuerpo en las  inmisericordes aceleraciones.

 

La estética agresiva, unida a la poderosa horquilla invertida y al doble disco de freno delantero, supone toda una declaración de intenciones. De hecho, esta ha sido la Harley más dinámica que ha pasado por nuestras manos. La inclinación que permite en curvas es superior a otros modelos de la familia Softail, al menos los que hemos probado hasta ahora. Y no se puede negar su poder de atracción. Todo el mundo tiene que ver con ella. Parte del encanto se debe a su característico faro rectangular con iluminación full-led y el no menos peculiar sistema de escape dos-uno-dos, situado en una posición elevada, y con los colectores recubiertos por un llamativo protector de color bronce mate y sus silenciadores biselados en aluminio mate.

 

 

La instrumentación, con orientación deportiva en la que el cuentavueltas cobra gran protagonismo, queda algo baja para un golpe a primera vista, pero ya te adelantamos que no lo vas a echar en falta, es una moto que se controla a base de sensaciones que te llegan directamente al corazón, donde las revoluciones se miden en “pistonadas” y la velocidad en la fuerza del viento sobre tu rostro.

 

Sin tener un tamaño desmesurado, hasta para un tipo bajito y poco duro como yo, la amplitud es una de sus grandes bazas. Te permite adoptar holgadamente diferentes posiciones de conducción para adaptarte al ritmo de cada momento sin acumular fatiga. Dinámicamente su comportamiento no tiene peros que ponerle y no hace falta ser “el cachas” del barrio para sacarle todo el partido a una moto que hace girar las cabezas allá por dónde vas. Quizás no sea una “roadster” al uso pero seguro que podría sacar los colores a más de una.

 

 

Con una Harley siempre nos gusta escoger carreteras amplias con buen asfalto y con curvas no demasiado cerradas, algo complicado en Canarias. Y así lo hicimos con esta nueva Fat Bob que, sin embargo, no hizo animarnos con tramos más exigentes y con ritmos más vivos. En curva, posiblemente por el ángulo de dirección más apretado de la gama, sólo 28º, y a una mayor capacidad de inclinación -hasta 32º-, su comportamiento ha mejorado con respecto a su predecesora. Los estribos rozan, en caso contrario no sería una Harley, pero para llegar a acariciar el asfalto hay que emplearse con mayor decisión.

 

Del motor no tendrás queja alguna, por potencia disponible en la zona utilizable y por un impresionante par motor que te llevará de curva a curva en un suspiro. 155Nm que llegan desde muy abajo para sacar los más de 300 kilos en orden de marcha catapultados hacia adelante con la sensación de una patada en el culo. Tienes margen hasta las 5.550 rpm, un régimen que puede parecer corto en otro tipo de motos pero que en esta Fat Bob se muestra más que suficiente. Sólo basta subir un cambio para obtener mayor rendimiento y una aceleración impecable. A la hora de detenerte tampoco vas a encontrar mayor problema, el par de discos mordidos por pinzas de cuatros pistones de 32mm frenarán sin problemas las preciosas llantas de fundición de aluminio Structure Denim Black con el gráfico de la marca grabado con láser. El sistema ABS, que viene de serie, supone un plus de confianza a la hora de echar el ancla con determinación

 

 

En marcha apenas vibra; atrás quedó ese mito de la pérdida de empastes. Su motor gira redondo y sube de vueltas sin toses ni excesos de consumo. Al ralentí, al menos con los escapes de serie -ya veríamos si le montáramos unos terminales Screamin Eagle-, emite un sonido discreto, y al subir de vueltas tampoco resulta nada escandaloso. Eso sí, las palpitaciones de su corazón dejan huella en el que va al manillar, en las emocionantes y ágiles aceleraciones. Las suspensiones tienen un tarado acertado y el nuevo diseño deja patente que se ha mejorado el rendimiento al ofrecer un mayor recorrido la rueda, una mejor amortiguación y una mayor gama de ajuste de la precarga del muelle, que se realiza fácilmente con un pomo que queda a la vista, a la vez que mantiene la apariencia rígida provocada por el diseño del basculante trasero.

 

En trazados rápidos pisa con aplomo, y no sólo por su peso. Las geometría están muy bien conseguidas para que copie el trazado con la mayor fidelidad posible, sin descolocarse en ningún momento, eso sí, teniendo en cuenta las inercias de una moto de más de 300 kilos. Y si bien los futuros propietarios de la Fat Bob no buscarán tan sólo prestaciones, quedarán encantados con el dinamismo de esta nueva “danzarina” de Milwaukee.

 

 

Los conoces. Sabes quienes van a ser los que consigan tener una Fat Bob en su garaje. Aficionados a motos con un refulgente encanto. Motos exclusivas en la que lo más importante no es la velocidad, la potencia o su ligero peso. Clientes que saben apreciar la calidad de una moto de la era de los metales auténticos y que valoran cada kilómetro recorrido con una moto casi única. ¿Vas a ser tú uno de ellos?

 

Unidad de prueba cedida por Gubra, Concesionario Oficial Harley-Davidson para toda Canarias

 

Prueba realizada por el equipo de Canariasenmoto

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