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Probamos la Yamaha MT-10, la moto urbana de Valentino Rossi

24 de Enero de 2017

Probamos la Yamaha MT-10, la moto urbana de Valentino Rossi

Desde nuestra más tierna infancia, nuestra vida va inexorablemente unida al medio en el que nos desplazamos, vehículos con ruedas todos ellos. Algunos llegan a decir que el movimiento genera inteligencia y que explorar el mundo a lomos de dos ruedas es el mayor exponente de felicidad. Por eso, cuando nos vamos haciendo mayores, añoramos los momentos como los vividos con nuestra primera bicicleta. Pero ya somos “niños grandes”, tenemos práctica de sobra y ha llegado el momento de aspirar a uno de los mejores exponentes de la filosofía que mueve nuestras vidas. ¡Y qué mejor forma de hacerlo que con la moto que Valentino Rossi utilizaría para moverse por la ciudad!

 

Precio Yamaha MT-10.- 15.799€ (Matriculación incluída)

 

La MT-10 es una moto única. Una moto que no quiere saber nada de modas o tendencias. La “hypernaked” más potente que jamás haya salido de una fábrica japonesa, esconde muchos secretos; entre ellos la certeza de que vas a disfrutar como un niño tanto en las salidas por carretera como en los desplazamientos diarios por tu ciudad. A pesar de su poderoso motor derivado de la R1, la MT-10 es una moto 100x100 utilizable para el día a día. Sus 160CV pueden ser los más dulces de la historia de la marca. Una potencia dosificable, continúa y precisa que conjuga con una parte ciclo diseñada para disfrutar ágil y cómodamente de cualquier trazado. ¿Te resulta sugerente?

 

 

Eso de que las deportivas han pasado de moda no es del todo cierto. Sobre todo si piensas como yo que gran parte de los avances en las motocicletas actuales se los debemos a ellas. A la máxima expresión tecnológica de las marcas que ahora nos llega en forma de grandes naked. Como si presumir de deportiva “con formas y pinturas de guerra” fuera algo que hay que esconder, por ser políticamente incorrecto. Nuestra protagonista es una de esas naked que heredan el nivel más alto de tecnología y prestaciones. Y no de una moto cualquiera; de la YZF1000 R1, una de las hyper deportivas más efectivas del mercado.

 

Nadie puede poner en duda en ADN deportivo con el que Yamaha impregna cada una de sus moto –y hasta sccoters-. La actual familia MT de la firma de los diapasones hace gala de ello y la MT-10 es la culminación de la gama. Su chasis y suspensiones son similares al de su hermana más deportiva y hereda el motor de la R1, aunque sin bielas de titanio o llantas de magnesio, prescindibles en el mundo real.

 

Al igual que el resto de los componentes de la gama MT, la estética de la MT-10 es rompedora. Una moto que entra por la vista, a pesar de algunos aspectos de su diseño que sorprenden por su atrevimiento. Lo que no se le puede negar es su personalidad. Una moto que no sigue las líneas de ninguna otra del mercado, con un marcado carácter irreverente que, sin embargo, gana mucho en vivo.

 

 

Maxi naked en el mercado hay bastantes. Con potencia igual o superior. Es un segmento en auge. Somos muchos los que preferimos disfrutar del máximo potencial agarrados a un manillar ancho y alto, que hacerlo sobre dos exigentes semimanillares en posición indecorosa a cierta edad, y por eso las marcas apuestan por un estilo de moto con clase y poder de persuasión para captar a clientes experimentados y con poder adquisitivo medio/alto.

 

Pero no todas eligen el mismo camino. La MT-10 no es una R1 sin carenado. Los que busquen eso, quedarán defraudados. La MT-10 tiene personalidad propia y, aunque suene presuntuoso, mejora algunos aspectos sobre las ultra exigentes súper deportivas… Su motor te engatusa nada más cobrar vida. Su excitante ronroneo anuncia grandes momentos. Su sonido no es estridente aunque sí tiene cierta tonalidad gamberra que provoca que las cabezas se giren a tu alrededor.

 

Una de las primeras sorpresas de la MT-10 es su dulce comportamiento en ciudad. Es más, si el gran “Valentino” tuviera que elegir una moto para moverse a diario por la ciudad, elegiría esta sin dudarlo. Ninguna deportiva va a ofrecerle más versatilidad que el máximo exponente de la familia MT. El bajo régimen para moverte callejeando es dulce, con un tacto casi eléctrico, y cuando quieres dejar atrás las aglomeraciones, la contundencia de su medio régimen te catapultará con una buena patada.

 

 

Llegado el momento de salir a territorio conocido para sacarle todo el partido -a nuestro alcance, claro está-, la MT-10 demostró sobradamente estar por encima de nuestra previsión. Si la MT-09 es una moto con sólidos argumentos para satisfacer a cualquier usuario medio/alto, la MT-10 está un par de escalones por encima. El chasis deltabox de aluminio es imperturbable en cualquier situación. Por mucho que le exijas, siempre ofrece un comportamiento férreo y noble. El equilibrio del conjunto de suspensiones es ejemplar con los reglajes de serie, al menos para nosotros, pero permite modificar y ajustar todos los parámetros posibles.

 

Dispone de tres mapas de potencia “STD” estándar, “A” sport y “B” supersport para digerir los caballos en función de tu estado de ánimo o de la carretera que tengas por delante. En cualquiera de ellos el torrente de potencia es inagotable, al menos para un uso civilizado. En modo “STD”, el más adecuado en ciudad, permite ir más relajado con el mando del gas aprovechando todo el par motor de la zona baja y media. En el modo “A” las aceleraciones son más fulgurantes, y los kilómetros pasan más deprisa. Sin embargo, para los que aún nos consideramos jóvenes, el modo fullpower “B” ofrece ese extra de excitación que no te dejará conciliar el sueño si una MT-10 duerme en tu garaje.

 

Poner a prueba todo el potencial de la hypernaked de Yamaha es una tarea que exige esfuerzo. Es como esa pareja que te obliga a cuidarte y a estar atento en todo momento, sin distracciones. Al mínimo despiste con el mando del gas, te “castigará” buscando ganar altura con su rueda delantera. Reacciones nobles pero que necesitan determinación y una buena dosis de experiencia. A cambio, arrancará de tu cara esa expresión de satisfacción que sólo los que han probado los placeres prohibidos, saben apreciar.

 

 

Primus interpares

La constancia y entrega lineal de potencia es uno de los mejores baluartes de la MT-10. Da gusto dibujar zonas enlazadas de curvas siguiendo fielmente la línea trazada por tu mente. El cambio, rápido y con el embrague asistido, te invita a jugar con las seis marchas, aunque puedes ahorrarte una buena parte de ellas. Cosa que no harás por puro placer. Dispones de control de tracción, embrague antirrebote y en equipo de frenos que te permiten bailar sobre una moneda. Una parte ciclo ejemplar y capaz de digerir todo el empuje anticipando reacciones que tan cantidad de potencia provoca.

 

La información de su display totalmente digital es muy completa, y legible, aún a pleno sol. De todas formas, la fulgurante aceleración no te invitará a apartar la vista de la siguiente curva que se acerca deprisa, muy deprisa. El embrague tiene un tacto muy bueno, sin ajuste de la maneta pero con un recorrido muy corto. Una a una las marchas van entrando y tu estado de ánimo va mejorando. El amortiguador de dirección hace su trabajo de forma discreta, sobre todo cuando aceleras a fondo en primera y la rueda delantera comienza a ganar altura. Pero llegar a esa situación no tiene ningún sentido, es preferible insertar un cambio más y salir catapultado hacia delante cada vez que destella la “blanca luz” de su avisador de sobre régimen… Disfrutando de una tremenda parada en tu trasero.

 

Las ayudas electrónicas se encargan de filtrar y minimizar tus fallos de pilotaje. No es que la Yamaha sea un robot o un “transformer” inteligente -aunque algo en su aspecto te hace sospechar-, pero es capaz de adaptarse a tu estado de ánimo, ofreciendo siempre lo mejor de sí misma para que tú disfrutes como lo hacías con aquella primera bicicleta con la que descubriste el mundo.

 

 

La opinión del experto.

Para contrastar más opiniones sobre la protagonista de nuestra prueba, cedida para la ocasión por Flick-Moto, el distribuidor autorizado de la firma japonesa en la provincia de Las Palmas, quisimos contar con la colaboración de Juande Gómez, el feliz propietario de una de las pocas Yamaha R1-M que hay en Canarias y que conocen como pocos las cualidades dinámicas del modelo del que se deriva esta MT-10.

 

“Tiene el mismo corazón, pero la parte ciclo es diferente”, decía nada más bajarse de la MT-10. “El empuje del motor es sorprendentemente lineal. Es una delicia. Para el uso que solemos darle a este tipo de motos no es necesaria más potencia”, continuaba. “Las suspensiones están muy bien compensadas”, reconocía tras hacer unas pasadas por una zona de curvas para las fotos, donde su R1-M rebotaba más que la hyper naked. “La posición de conducción te permiten disfrutar más y durante más tiempo de todo el empuje del cross-plane de cuatro cilindros en línea y del agarre de los S20R de Bridgestone”, afirmaba mientras nos señalaba algunos detalles de la Yamaha MT-10 que tan buen aspecto le daban a esta descendiente del lado oscuro de Japón. “Si tuviera que describir con un par de palabras los que me ha parecido la MT-10 diría que es una dulce satisfacción. Un motor tremendamente dulce que ofrece grandes satisfacciones”, zanjaba.

 

 

No necesitarás nada más. Con la MT-10 no echarás en falta más potencia, mejores frenos o un chasis más rígido. Ni siquiera te quejarás de la postura de conducción o de la falta de ayudas electrónicas. Es de las más cómodas de la categoría, tracciona como la que más y el control que ejerces sobre ella te permite disfrutar dominándola. Lo único que vas a necesitar es una carretera de curvas, un buen equipamiento y tiempo para disfrutarla.

 

Yamaha ha hecho pleno al 10, a la MT-10. Una moto que al pilotarla sabes que estás disfrutando de las mejores sensaciones aprovechando todo el empuje tecnológico de una marca que destaca tanto en la competición como en la cifra de ventas. Esta tope de gama de la familia MT es ideal para aquellos que quieren seguir sintiendo sensaciones fuertes sin las exigencias de una radical súper deportiva. El único límite lo pones tú.

 

Después de probarla sólo nos quedan sensaciones positivas. Lástima que en el concesionario no entendieran nuestro idilio con la MT-10 y nos obligaran a devolvérsela. Pero la razón está justificada; es para que tú también puedas hacerlo. Solicita una prueba dinámica en la red oficial de concesionarios Yamaha de Canarias. Hay dos MT-10 esperándote.

 

Unidad de prueba cedida por Flick-Moto, concesionario oficial Yamaha en Las Palmas

 

Prueba realizada por el equipo de Canariasenmoto

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