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Noticia

Capítulo 2.- ¿A dónde vamos? Mi mente ya estaba en el Lago Baikal

 

Puedes seguir la aventura de Ignacio en su Web http://topalante.es

 

¿Adónde vamos? Esto mismo fue, lo que yo me pregunté : a dónde  vamos. Ya había recorrido la Península varias veces, de norte a sur, de este a oeste. Digo la Península y no España, que nuestros hermanos portugueses también existen. Buena gente y buenos motoristas, aunque algo imprudentes. Incluso en Vespa, a Asturias, desde Madrid, donde me crié :  poca cosa. Unas por gusto, otras por necesidad : la moto durante un tiempo fue mi único medio de transporte. Y lo siguió siendo, hasta que terminé mi viaje en Nueva York, de momento.

 

Exiliada mi moto, ahora soy un peatón, esclavo de la guagua, paciente de las ruedas, diana y objetivo principal de las cuatro ruedas.

 

Siempre quería más. Ningún lugar me parecía lejos, aunque lo estuviera, pero esto es relativo: Francia, Bélgica, Alemania, Holanda, estaban, por así decirlo, ahí al lado. Ya había pilotado por allí, incluso en invierno. Los motoristas, recordémoslo, pilotamos, no conducimos. Hasta que una vez una nevada nos detuvo, también a coches y camiones en Maastricht, Holanda. No podía llegar ni la grúa. Mal asunto la nieve para una moto.

 

Buceando en la güeb, después de mirar muchas páginas, leí la noticia de unos catalanes, una parejita de Barcelona que se fué al Lago Baikal en moto. Siempre me gustó la geografía, sabía dónde estaba y me pareció increíble. Miré el mapa y pense, -caramba, esto si que está lejos-lejos-lejos. O sea, un lejos con dos guiones.

 

Con estos antecedentes, empecé a calcular los kilómetros que podía haber hasta allí : muchos, muchos, muchos.

 

Y yo estaba aquí, en Gran Canaria, confinado, insularizado y sin poder salir por mis propios medios: se acaba la carretera... pero mi mente ya estaba en otro sitio, en el Lago Baikal, desconocido entonces para mí. Un mapa de Europa me hizo comprender lo inmenso que es Rusia, casi 34 veces España. Si lo estudias un poco y observas dónde está Moscú, echa para atrás.

 

Cabo Norte, Noruega, podría ser una opción, pero ya lo había hecho hace 8 años, entonces en coche, y me dió la impresión de ser un lugar muy trillado, y ahora de moda.  Además, se planteaba en los distintos foros de internet la ruta via Dinamarca /barco /Suecia, (Helsigor-Helsinforg) o por el puente del Öresund :  no me seducía mucho. Yo quería subirme en la moto y bajarme en otro sitio, muy lejos-lejos-lejos. Pensaba, caso de renunciar ir al Baikal por su lejanía, y por que había que volver, ir por tierra a Nördkapp alcanzando Finlandia a través de los Países Bálticos, y luego tirar al N. No obstante, también está lejos-lejos, con un guión.

 

Mi gran ilusión era cruzar a Fuerteventura y desde el Puerto del Rosario, alcanzar El Aaiún o Tarfaya (Sáhara Occidental) con la idea de llegar hasta Ceuta y conectar desde allí Europa, pero debido a un accidente marítimo la línea se clausuró. A día de hoy no hay ningún barco de pasaje que conecte las Islas Canarias con el continente africano. A los canarios no les va a gustar ésto, dicho sin ningún ánimo peyorativo, y con el gran cariño que le tengo a éstas islas, pero aunque políticamente sea Europa, no olvidemos que geográficamente estamos en África.

 

Me puse en contacto con los de Barcelona y muy amablemente me dijeron que sí, que llegaron y se podía hacer. Fueron con una Honda Deauville, y llegaron. Pero lo que no me contaron, no sé por qué razón, es que resultó que la moto se murió en Moscú a la vuelta y ésto me hechó para atrás.

 

Sin embargo, yo sentía que había como una rampa cuesta abajo, hasta el lejanísimo, remoto Lago Baikal, y una plataforma de lanzamiento que estaba en Huelva, a 34 horas en barco desde Las Palmas, y que podíamos llegar hasta allí, ¡por qué no! La rampa tenía forma de barco, de moto y yo me subiría en ella y no sé porqué, estaba seguro de que llegaría. El Lago Baikal, por sus características, y peculiaridades me pareció un lugar extraordinario, que me estaba llamando... ¡ven,ven,ven! como una sirena,cantando y ululando.¿Quizá será por que es la mayor reserva de agua dulce del planeta? No lo sé. Yo la escuchaba atentamente, como hipnotizado, obnubilado, como los niños que buscan un caramelo, como los yonkis que buscan su dosis. Estaba allí para que fuéramos. Tuvo para mí un magnetismo, una atracción, de la  que no me pude sustraer, y ninguna pega, escusa, obstáculo, condición, inconveniente, incidente, problema, fue incapaz de frenarme, con la  ayuda de Dios.

 

¿A dónde vamos? al Lago Baikal, Irkustkaya Oblast, Rusia.

Me decidí, ahora sólo necesitaba encontrar a alguien. Simplemente ver el mapa me arredró, aunque no lo suficiente : corcho, que soy motorista, pensé. Tenía tiempo, 45 días libres, algo de dinero y capacidad de endeudamiento por mi nómina, simplemente.

 

Ir sólo creí que sería una locura, y redacté un anuncio en la güeb en un foro de motoristas de fuera-asfalto (trail)  buscando compañeros de viaje. La dirección de la página era, y es: Muchas dudas, pero la determinación de hacer ese largo viaje, me llevó a condensar en una palabra, mi voluntad y determinación de tirar todo para adelante, "Topalante" : ideé ese apodo y me registré en el foro del enlace de arriba, donde nadie me conocía y era un recién llegado. Donde se puede plantear con respeto casi cualquier viaje en moto, incluso el nuestro. El de mi moto y yo. Y ganas, muchas ganas. 

 

Lo de siempre: "Estás loco, ¿cómo te vas a ir hasta allí? ¿Por qué no cojes un avión, o un tren, el transiberiano?"  Bueno, estoy buscando algunos motoristas que me quieran acompañar -contestaba-.

 

Tendrá que ser en solitario, ¡qué se le va a hacer!, barrunté. En el foro me animaron a hacerlo. Me informaron de que un tal "Masillero" ya lo hizo, aunque con una moto todo terreno, una trail como las llamamos. La mía no es de esas características, es de carretera y las rusas decían los foreros que estaban "algo mal" : las mujeres, fenomenal, por cierto. Otra pega: por  las carreteras, claro. Me dió igual. El Lago Baikal no se iba a ir, cierto, no había prisa, pero mi moto, nosotros, también podíamos llegar. Igual que llegó Miguel Strogoff, el correo del zar de la novela de Julio Verne. Y la sirena seguía ululando, llamándome, como a Ulises: ven. La   plataforma de lanzamiento me estaba esperando y la rampa estaba colocada: sólo había que encender la espita, pero antes de eso, había que preparar la moto. Ya estaba decidido.

 
 
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