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Noticia

Desde de Valle de Aosta y sus agricolas tierras, buscamos pasillos al Noroeste para dirijirnos a la bella Francia. Ya notamos el carácter francés. En el estado de las carreteras anchas rectas y curvas con radios perfectos, paisajes menos armoniosos que en Suiza y Austria, las torres de las Iglesias van cambiando, empiezan a ser más complejas y la piedra y pizarra de techos negros y grises destacan

 

Coronamos Coll d Petit. El pequeño San Bernardo, primer puerto. Este es primo hermano del Gran San Bernardo, se ve que los franceses querian otro perro, como el de los italianos, que está del otro lado, la temperatura agradable sol radiante y cumbres blancas. Paisajes bucólicos de altura.

 

Los pueblos que viven del invierno y sus deportes, tienen infinidad de extruturas montadas por todos los valles y picos. Increíble esto del esqui. En cada passo, coll o puerto, los motoristas adquieren la pegatina para pegar en el baúl, que les dignifican en licenciatura de puertos.

 

Todos los passos tienen su carácter y logo de colores. Y vuelves de los Alpes empapelado y Feliz. Cuando miras cada uno de esos sellos, intentas ubicarlos y medir el grado de placer que te produjo su escalada.

 

Vall d Rosaire, coll de petit, vall d Isera, vall de vonaia, San Moritz... Un Rosario de nombres y lugares increibles de belleza y selección. Algunos como el San Moritz con hoteles de 5 estrella y nivel diez en las alturas. Todo un negocio que entiende del que le sobran los dineros.

 

Paramos para picar algo en Paroisse d Bonneval. Escaparnos a descubrir los secretos del pueblo, de piedra y madera, de flores y nubes, de musgos y rincones encantadores. Entusiasma la fotografía del pueblo y como se curran los detalles de lucirlo.

 

A por el condenado Galibier; esta frase, es de Carlos. Es un jodido coll donde el tiempo y la altura, te hacen sentir indefenso y perdido. Arranca con paisaje sereno y soleado. Y en sus cumbres te pasa de todo. De momento mirarlo de abajo ya acojona. Unas nubes activas y negras que se mueven rápido. Te avisan que te prepares. En la primera fase llueve y aqui no hay amabilidad. Cuando superas lo de la lluvia, observas la carretera como echa vapor y dos curvas más las cortinas de niebla que salen del suelo, te meten en tinieblas, donde solo puedes avanzar orientado por las rayas blancas. Ahora que estás indefenso y pensando en dar la vuelta, viene la caja de truenos que retumba en tus orejas. Te asusta la bienvenida tan singular, del Señor Galibier. Un triste Coll desamparado por su maldad, cuyo otro lado es la cara amable y despejada de la balanza.

 

Fotos de rigor al famoso cartel, como único monumento de su amabilidad y destino descenso hacia Gal. Antes la propina el último Coll d Izoard. Magnifico amable, divertido y caprichoso. Curvas redondas seguidas a izquierda y derecha. Un enorme spagetti que dejas caer serenamente en el costado de un monte y que te invita a volver a jugar a tumbadas.

 

Regreso al sprint hacia Gal, última noche en Francia. Mañana partimos a España en una etapa de 650 kilómetros. Seguro que en el viaje de vuelta podemos analizar los valores de tremenda aventura Alpina. Llena de curvas, nieves perpétuas, y paisajes de ensueño. Lo intentaremos.

 

Sean Felices...

 

Feli Santana, desde el techo de Europa

 
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