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Noticia

Abandonar Saltburgo a primera hora, nos produjo cierta melancolía. Tiene mucho más de lo que se ve y es realmente más grande culturalmente de lo que uno intuye, sin duda un corazón clásico latiendo entre fronteras Alpinas. Apuntamos volver, como lugares con encanto especial.

 

El valle nos conduce de nuevo hacia otro pasaje de aventura, respirar el olor a hierba y estiércol de lo rural, descubrir la actividad cotidiana, curioso pero he visto pocos niños. En ninguna hora del día.

 

Buscamos el sur haciendo un amplio giro la conexíón a Grossglocknerpass. Este paso importante en el Tour, tiene caracter diez de interés. Me sorprende el escape entre cañones naturales verticales, el radio de las curvas, que te marcan un ritmo alto de rodaje, las mujeres camioneras, la infinita armonía del paisaje.

 

El valle se abre de nuevo y ahora las crestas imponentes y blancas con enormes cascadas de agua, que caen literalmente sobre nosotros. Nos preparan para el ascenso al Grossclocknerpass. Intento que nos se me cuele una silaba en palabras tan largas. Independiente del significado. Le atribuiré el titular "La fábrica del hielo".  El ascenso es un espaguetti de horquillas redondas.

 

Abajo 31° grados y desde donde acaba la vegetación y empieza la tundra hacia el cielo blanco caemos en la cima a 9° grados, en un dia luminoso y caluroso. 

 

Cientos de coches y motos suben el puerto, como siguiendo el Tours de Francia o el Giro Italiano, vamos adelantando uno a uno, para hacer menos tormentoso llegar al glaciar, que descubrimos con espectacular dimensión. Sorpresa 25€ para el peaje, que al descubrir el edificio de parkings,  miradores y restaurantes que han montado arriba, se confirman tales sablazos. 

 

El glaciar está en deshielo total, el nivel normal de altura puede pasar los 200 metros. Y la amplia lengua helada que queda atrapada en el valle. Puede llegar a cubrir kilómetros. El señor Sharoski. El magnate de las piedras preciosas y cristales de rubi, tiene un monumento, mirando al glaciar. El tubo la visión y la inversión del regalo natural entre la roca y el cielo.

 

Regresamos por otro valle y destacamos una iglesia de punta de lápiz imponente, en uno de esos pueblos mágicos, clavando el monte nevado con una preciosa fotografía alpina. 

 

En la caída de la tarde, las montañas rocosas de las Dolomitas se van dejando ver como peñones blancos gigantes sin vegetación. Como si hubiera habido una lucha mitológica, entre los dioses de la montaña y ganó el brutal ejército de las Dolomitas.

 

Entramos en Italia y se nota, los austriacos cuidan mucho el paisaje, el orden y la pulcritud. Los italianos lo contrario. Carreteras bacheadas, las cunetas sin limpiar y hasta el bosque, menos seleccionado, los desagues de las grandes rocas son enormes canales de arrastre de lajas y piedra rodadas han hecho toboganes blancos con taludes enormes.

 

Al principio pensé que entramos al parque nacional chileno de las Torres del Paine, por la similitud paisajistica, luego arriba en otra dimensión de la pelicula, el escenario del lago con el bosque de abetos, los castores, me trasladaron a las Montañas Rocosas. Imponente espéctaculo natural.

 

Organizamos un botellón con una compra en Spar, que es todo un descubrimiento económico en estos lares. Cortina d'Aspenzzo es nuestro destino, un lugar con encanto alpino que los italianos descubrieron para venir a esquiar en los años cincuenta, cuando este deporte era cosa de ricos. Ahora sembrado de chalets y hoteles de madera esperan cada estación blanca para hacer la caja del año.

 

El hotel Argentina es el punto y final de una jornada intensa y emocionante. Dimos cuenta del caracter español e Isleño, y en un santiamén, aparecieron copas, mesa, vino y ron. Nos faltó el asadero, que evitamos para no ofender al hotel regentado por italianos boludos.

 

Una luna naranja se asomó emocionada entre las ramas de los árboles, estaba feliz de nuestras risas, de nuestro carácter, no todos los días llega gente guapa y desenfadada amenizarles la noche al fresco. Un zorro merodeando, buscó amistad con Roberto, a cambio de un bocado, se dejó fotografiar... Como los cuervos planeadores del glaciar, sabe de intercambios y recepciones.

 

Sean Felices...

 

Feli Santana, desde el techo de Europa

 
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